Un hombre íntegro

OPINIÓN

18 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CONOCÍ a Celso Montero hace más de 30 años, a través de sus artículos sobre actualidad política internacional -la nacional era un terreno vedado en aquellos años- en el periódico local de Ourense, en los que aprendí a leer entre líneas. No era un hombre de prosa brillante, pero sí cautivadora. Sus artículos desataban pasiones entre sus admiradores y también entre sus detractores, que los tenía, ¡y muchos! Me quedé pasmado cuando me enteré que había curas que en la misa dominical pedían a sus feligreses: «Orad, hermanos, por las víctimas de los artículos de Celso Montero». Pronto comprendí por qué aquel cura sin sotana, con un talante más dialogante que un franciscano, desataba tantas pasiones en aquel Ourense de los últimos años del franquismo: había tenido la osadía de plantar cara al mismísimo obispo Temiño, que primero le había autorizado a irse a trabajar como misionero a Bolivia y luego le negaba la reincorporación a su puesto de trabajo como titular de la parroquia de la barriada obrera ourensana de O Vinteún. Puedo dar fe -tuve en mis manos los documentos que lo acreditan- que su único delito fue haber publicado un artículo en la revista francesa de teología Parole e mission sobre el celibato sacerdotal, considerado por el monseñor como peligroso para sus parroquianos. Fue siempre un progresista, pero cuando le llegó la hora de definirse políticamente, no dudó un instante en salir de las catacumbas. Sí titubeó al escoger carné. El cuerpo le pedía coger el del PCE, pero su afán por no darle la razón a sus enemigos le llevó a optar por las siglas del partido fundado por Pablo Iglesias. Fue senador en tres legislaturas. Se dedicó a la causa socialista con la misma entrega con que hasta entonces lo había hecho hacia los más débiles. Sus compañeiros hicieron bueno al monseñor. Pero eso habrá que contarlo otro día, cuando se escriba la historia de las miserias del socialismo gallego. La mayoría de las personas ven la política como algo ajeno, en muchos casos se da por hecho que aquéllos que se interesan por ella y se implican, lo hacen para atender a sus propios intereses; desgraciadamente esto es así en muchos casos y son estas personas las causantes de que la política esté tan distante del pueblo, porque han hecho que la democracia no funcione como tal y la han convertido en una herramienta para conseguir sus propósitos aún a costa de los intereses y derechos del conjunto de los ciudadanos, valiéndose a menudo de algunos medios de dudoso talante democrático. Mientras, a aquellos que logramos demostrar que nuestra implicación política responde únicamente al trabajo por unos ideales y que nuestros intereses no son otros que el bienestar de nuestros vecinos y la prosperidad de nuestros pueblos y ciudades, se nos trata en nuestro entorno como ingenuos, nos dicen que perdemos el tiempo y nos aconsejan que no nos busquemos problemas. Este sentir general hace que cada vez menos gente quiera colaborar y que las diferentes agrupaciones políticas tengan más dificultades para mantenerse activas, porque no se logra alcanzar el número mínimo de militantes. Esto ocurre porque aquellos que se benefician de la política prometen y venden mil favores a las personas a cambio de su silencio y su voto o bien nos amenazan a aquellos que osamos enfrentarnos para ofrecer una alternativa indudablemente necesaria pero cada día más debilitada por dichas presiones. Juan Carlos Gómez Paredes . Secret. Organización agrupación comarcal do PSdG-PSOE da Terra Cha. Rábade (Lugo). Cando o pasado día 5 de xuño leo a concesión da medalla de ouro de Galicia a Álvarez Cascos, acordeime dos romanos. Buscando despois a noticia nas páxinas interiores, a casualidade preséntase coa forma dunha frase do presidente da Xunta, gabando a traxectoria cementeira de don Francisco: «Un ministro único dende os romanos». Aí quería chegar eu, pensei. Hai algo máis de dous mil anos, os romanos comezaron a conquista da Hispania, e todos sabemos da resistencia que os habitantes da península fixeron ante os conquistadores, relatada en episodios do que o máis coñecido é o sitio de Numancia. Pero non só tiveron que loitar os nosos paisanos contra unha fortísima maquinaria bélica, senón contra o apoio que ós conquistadores lles ofrecía a aristocracia indíxena, sen dúbida na procura dun mellor status. Se hai dous mil anos houbera cámaras fotográficas, hoxe poderiamos ver algunha foto de Décimo Xunio Bruto, cónsul que fixo a primeira incursión no que despois sería a Gallaecia , con algunha medalla pendurada do peito. Claro que dende que non se anda coa espada ó cinco, é todo moito máis confuso. E por iso, hoxe, os Callaici votan ós romanos. A.Y.C. Ferrol