La televisión exporta morbo

ANTONIO GONZÁLEZ

OPINIÓN

07 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

ME CUENTA mi hijo, que vive en Buenos Aires, que siente vergüenza e indignación cuando ve los telediarios españoles que llegan a los canales argentinos a través del Canal Internacional de TVE. Porque más que un programa de interés informativo es una crónica de sucesos, la mayoría de ellos tragedias de vecinos sin ninguna trascendencia e interés más allá del lugar donde ocurren. Parece ser que los medidores de audiencia han detectado que los asuntos morbosos se venden bien y, sin pensárselo dos veces, han llenado la televisión de navajazos. Ahí está Urdazi, principal responsable de los servicios informativos de la televisión pública, relatando con pelos y señales las calamidades domésticas, cuyos sucesos adorna con entrevistas sin interés alguno de gentes del lugar, que ni saben nada ni dicen nada. No es un fenómeno ocasional; ocurre todos los días y en todos los programas informativos. La televisión moderna (¿) parece haber descubierto un filón en las intrigas morbosas de las viejas porteras que aparecían en El Caso hace 40 años y los estrategas del medio deducen que todo el mundo piensa igual que ellas. Si para el consumo interno, esta moda es un disparate, cuando se embarca en los telediarios internacionales, el asunto es casi delictivo, pues los millones de emigrantes y sus descendientes y, en general, todos los que sienten curiosidad y respeto por España, quedan defraudados a la vista de esos telediarios que ofrecen una imagen de nuestro país tan casposa. La trágica estampa de Puerto Urraco ha quedado fijada en el caletre de los que hacen los telediarios como paradigma de una España morbosa que atrae a las gentes como moscas y esa es la que envía al exterior, vía satélite, nuestra inefable televisión pública. El Canal Internacional de TVE fue concebido como un medio próximo y eficaz de informar a los emigrantes españoles y a cuantos sienten algún interés por nosotros, sobre la actualidad política, económica, social, cultural, turística... de un país moderno, que merece ser mejor conocido fuera de nuestras fronteras. Sin embargo, la realidad es que este canal es un vertedero de programas sin el más mínimo criterio de selección, calidad e interés. Además, para los que mandan circunstancialmente en la televisión pública, este canal es el pudridero de profesionales purgados. Con esos materiales y ese estímulo profesional, el resultado es una parrilla internacional que indigna a quienes, como le ocurre a mi hijo, quisieran conocer las cosas importantes que pasan en su país, que son muchas, y sin embargo, se encuentran con la crónica de una España tercermundista, que es la que los genios de la tele, por su cuenta o por inspiración , han decidido diseñar como modelo de informativos de interés general. En el mundo de la televisión pública, aparentemente tan dinámico, lo único que funciona es la inercia del personal fijo, que coacciona a los nuevos que llegan con buenos propósitos. En la casa de las ideas -es un decir- se inventa la albarda antes que el burro y lo que resulta de esa mediocridad establecida y consentida es, lógicamente, una crónica de sucesos, adornada con abundantes chismes sociales y, por aquello de la pluralidad, por aburridas declaraciones de políticos que buscan cualquier pretexto para salir en los telediarios... Y si éstos se ven en Tegucigalpa, mejor. Pues bien, todo este amasijo es lo que mandan, así, sin pelar, al otro lado del Charco como imagen de un país democrático y moderno. O sea la España cañí, con sus bandoleros y sus navajas en la faltriquera. Para que luego se queje Aznar de la telebasura.