De Ronaldo y Albacete

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

04 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HACE MUCHO tiempo que la Liga de Fútbol Profesional (LPF) perdió su carácter épico-deportivo para convertirse en un enorme negocio. Tampoco me acuerdo de cuando los presidentes eran próceres benéficos que daban lustre a la sociedad y se pagaban los viajes de su bolsillo, en vez de los fríos gestores de ahora que sacan mucho más de lo que ponen. Y también he olvidado los tiempos en los que los colores y el sufrimiento formaban parte de la afición deportiva, antes de que nuestros equipos se convirtiesen en puras máquinas de hacer dinero y espectáculo. Por eso los clubes van cayendo en manos de millonarios o de ejecutivos profesionalizados que trabajan sus negocios desde el palco presidencial, y por eso los espectadores se van de los estadios para refugiarse en el pay-per-wiew , de la misma manera que vaciamos los teatros para ver la televisión. Mi afición al fútbol es tardía y muy limitada, y en modo alguno trato de hacer una defensa nostálgica del pasado para confrontarlo con una competición que el IFFHS ha declarado, por tercera vez, la «Mejor Liga del Mundo». Lo único que quiero decir es que, cuando el fútbol mueve fabulosas sumas de euros que se invierten con un criterio profesional más que dudoso, y cuando los beneficios pasan a manos de particulares, es exigible que el Estado lo trate como lo que es, y que en modo alguno beneficie a los especuladores y a los empresarios de fortuna con exenciones y privilegios propios del servicio público, o con la concesión de estadios, recalificaciones, moratorias fiscales y garantía de vista gorda en la vigilancia de la legalidad laboral y mercantil, porque eso sería tanto como transferir bienes públicos a simples particulares. La deuda reconocida -1.625 millones de euros- tiene a muchos clubes en quiebra técnica. Los intentos de remendar la situación siguiendo el modelo Florentino/Gallardón , amenazan con llenar el país de corrupción tolerada. Que muchos clubes estén dejando de pagar a sus jugadores es un escándalo impune. Que el derroche de lo fichajes encubre negocios inconfesables lo sabe todo el mundo. Y que piensan seguir presionando al poder político invocando el prestigio de la ciudad es un hecho mil veces repetido. Y, frente a todo eso, las peticiones hechas por la LFP a Mariano Rajoy, algunas de ellas muy razonables, no pasan de ser disculpas de mal gestor y peor pagador. Por eso tenemos que estar preparados -ciudadanos y Estado- para que no nos metan el gol de un nuevo plan de saneamiento. Porque, si hemos de vivir en un país en el que Ronaldo cuesta más que la Universidad de Albacete, debemos lograr, al menos, que no lo pague el Estado. Por justicia. Y por decencia.