El dilema ruso

OPINIÓN

03 jun 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

RUSIA parece estar saliendo del profundo dilema planteado por la crisis de Irak y por el unilateralismo americano que la impulsó y definió. Después de unos momentos iniciales de aparente comprensión del planteamiento estadounidense de desarme de Sadam Huseín, los rusos se inclinaron por una neutralidad que, a buen seguro, estaba destinada a desembocar en una abstención en el Consejo de Seguridad. Era la posición más rentable y la más segura, la que tenía menos riesgos para ellos. Sin embargo, la rebelión contra la guerra por parte del eje franco-alemán vino a trastocarlo todo. Al unilateralismo americano, hegemónico y avasallador, se le oponía, desafiante, la visión política de un mundo multipolar respetuoso con el derecho de gentes y con las organizaciones internacionales (ONU y su Consejo de Seguridad, OTAN, etcétera). El dilema para los rusos estaba servido. La desatención de los estadounidenses y cierto resentimiento eslavo inclinaban la balanza a favor del pacifismo antiamericano. Por otra parte, ¿no era la UE el vecino más amado, por rico y quizá también por inerme? Las dudas de Vladimir Putin empezaron a disiparse muy pronto, mientras se recreaba contemplando un horizonte en el que EE.?UU. se alejaba de la vieja Europa y ésta se acercaba cada vez más a Rusia. Las intimidaciones del embajador estadounidense en Moscú, Alexander Vershbow, llegaron tarde. Cuando éste amenazó con que un voto negativo de Rusia tendría «consecuencias a corto plazo», ya el Gobierno de Putin había resuelto el dilema optando por secundar a Francia y Alemania. Las palabras de Vershbow sugiriendo un aumento de las inversiones americanas cayeron en el vacío. Putin había tenido un sueño euroasiático y estaba encandilado. Pero llegó la guerra y el dilema volvió a plantearse. Y Putin, temeroso de quedarse solo, fue el primero en mostrarse conciliador. Las recientes oleadas de atentados terroristas han hecho el resto. La colaboración entre Rusia y EE.?UU. ha vuelto. Las citas de San Petersburgo y Evian así lo han corroborado. Es la nueva respuesta al viejo dilema: con EE.?UU. hacia un mundo tan multipolar como sea posible.