GRAN PARTE de este país está hondamente preocupado. No lo está por la propuesta de rebajar un 30% las pensiones. Tampoco por la muerte de 62 militares en un oscuro accidente aéreo. Gran parte de este país está preocupado porque el próximo campeonato de fútbol corre peligro. El plante de 28 clubes, por desacuerdo con los derechos televisivos, puede dar al traste con el inicio de la temporada. Y eso les resulta inaceptable. Que el fútbol español está inmerso en una insalvable crisis económica, lo saben hasta los que desconocen en qué equipo juega Ronaldo. Que el fútbol español está gestionado por directivos no siempre bien preparados lo saben quienes no distinguen un penalti de una canasta triple. El problema de los clubes de fútbol no son los derechos televisivos. Esa es la disculpa. El problema es el despilfarro del que se han venido beneficiando sin que nadie pusiera coto. El problema del fútbol son los presidentes megalómanos. El problema del fútbol es que se está gestionando con una indolencia inaceptable. El problema es que la Administración, tan exquisita en el control de entidades y empresas, le ha concedido bula para actuar saltándose la legalidad. Como Hacienda y Seguridad Social. Puede que, al final, apelando al interés general, se solucione el plante por los derechos televisivos. Y que la Administración siga dirigiendo la mirada hacia otro lado ante las deudas millonarias que arrastran los equipos. Pero no se habrá solucionado el problema. La bancarrota de los clubes es uno de los mayores retos de este país. Porque mientras obligamos a nuestros mayores a malvivir para ahorrarnos unos cientos de euros, permitimos que incapaces de sumar dos más dos gestionen presupuestos millonarios. Y además quieran perpetuarse con obras faraónicas.