Bajo el volcán

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

31 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

TRES MESES y veintidós días llevaba ETA sin cometer un atentado. Tiempo más que suficiente para que algunos líderes vascos hayan vuelto a actuar como si ETA hubiera desaparecido. No me refiero, obviamente, al PNV, cuya práctica política, muy condicionada en lo que le beneficia por la presencia terrorista (la repugnante teoría de Arzalluz del árbol y las nueces), no se siente, en todo caso, interpelada por el hecho de que el país que viene gobernando desde hace más de veinte años sea el único de la Europa democrática donde todos los políticos de la oposición llevan escolta policial. No, no me refiero al PNV, que contempla desde hace mucho la amenaza terrorista como si se tratara de la amenaza inevitable de un volcán: como otros, el etarra tendría el problema de que periódicamente entra en erupción, pero tendría para el PNV la ventaja de que su devastador rugido no afecta a la comunidad nacionalista, sino sólo a las vecinas. Y con un volcán así, tan exquisitamente selectivo, el nacionalismo puede, claro, convivir. Más extraño resulta, sin embargo, que esta forma de ver el problema terrorista sea compartida, en cuanto pasa un tiempo sin que hayamos de llorar un nuevo crimen, por quienes son objetivo de ETA militar. Pero así es: han bastado tres meses y veintidós días sin cadáveres para que vuelvan a oírse voces en el socialismo vasco sobre la necesidad de formar gobiernos locales transversales PNV-PSE, y sobre la de no dejarse llevar por la política de confrontación de la que -se dice- el PP sería tan responsable, si no más, que el PNV. Odón Elorza, abanderado mayor de esta línea de colaboración con los que hacen poco o nada para evitar que ETA mate, entre otros, a los suyos, lo decía con su descaro habitual: «El PP es muy perjudicial para el PSE». Puede que electoralmente sea así, aunque los comicios del domingo han demostrado lo contrario: que el perjudicado es el PP. Pero aunque resultara como dice Odón Elorza, sería igual: la política sólo puede abordarse en clave electoral cuando no está en riesgo la vida y la libertad de decenas de miles de personas. Cuando lo está, es sencillamente inmoral plantearse colaborar de cualquier forma con quien, el PNV, defiende hoy los mismos objetivos políticos que ETA, con quien se ha opuesto a la ilegalización de su brazo político legal, con quien está dispuesto a permitir que se constituyen gestoras en los ayuntamientos donde dicen haber ganado los que por decisión judicial no han podido concurrir a los comicios, con quien se niega a acatar las sentencias del Supremo y con quien, en fin, emite en la ETB un vídeo de ETA militar pero no una campaña promovida por sus víctimas.