Argentina en la encrucijada

OPINIÓN

29 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

HUBO un tiempo en que Argentina fue uno de los grandes líderes económicos de Iberoamérica. Décadas de prosperidad en las que un dicho popular aseguraba que en la Pampa «se escupe y crece la hierba» y otro sostenía que el país recuperaba sobradamente de noche todo lo que los políticos eran capaces de despilfarrar o robar durante el día. Los nombres de Perón y de Frondizi pueden identificar aquellos años de logros innegables, a pesar de la gravedad de algunos desajustes y comportamientos. No obstante, ya en 1963 el periodista estadounidense John Gerassi, tenido por uno de los mejores conocedores de Latinoamérica, calificaba a Argentina como «el país más insolvente, más irresponsable y de más difícil pronóstico» del continente. Una realidad que no hizo más que ir apuntalándose truculentamente hasta su reciente derrumbe. Hoy todos los pésimos vaticinios de antaño se han visto confirmados, y no es cuestión de insistir en ello. Sin embargo, Argentina sigue teniendo unos abundantes recursos (petróleo, gas natural, energía eléctrica, etc.) y una enorme extensión de tierra fértil y llana que permitirían definirla como una nación rica..., si no se diese la paradoja de que ya se ha convertido (las cifras cantan) en una nación pobre. Esta es la realidad con que la que se ha encontrado Néstor Kirchner nada más acceder a la presidencia el pasado domingo. Una realidad en la que sólo Fidel Castro supo ver (que Dios le conserve la vista) un clima de «optimismo y esperanza». Kirchner ha tenido de momento una ocurrencia plausible. Ha mirado hacia sus países vecinos y les ha propuesto profundizar en la unidad latinoamericana como mejor forma de superar sus dificultades. Sólo los ciudadanos de más edad pueden recordar que el peronismo y su «casi filosofía», el Justicialismo, propugnaban algo semejante a mediados del siglo pasado. Entonces se trataba de propiciar una tercera vía capaz de mantener equidistantes a los cuatro motores dialécticos de la Historia: idealismo y materialismo, individualismo y colectivismo. ¿Se intenta repetir ahora lo mismo?