Bajo el signo del cambio

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

26 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

VOTANDO por segunda vez a alcaldes progresistas, las ciudades de Galicia se han alejado del PP. Porque, mientras que en 1999 los populares habían perdido las alcaldías ganando las elecciones -la excepción era A Coruña-, ahora se alejan del poder después de ser derrotados en la Pontevedra de Mariano Rajoy, en Santiago, y en el Lugo de Cacharro Pardo. Y, a pesar de que cada uno se consuela como quiere, no parece un tinte de gloria el recuperar Ferrol bajo las horcas caudinas de Juan Fernández. Pero si esto es lo más vistoso que le ha sucedido al partido de Fraga, quizá no sea lo más importante. Porque el PP de Galicia tiene que tomar nota de los 4 puntos porcentuales perdidos con respecto a 1999, de que sus colegas del resto de España aguantaron el tipo razonablemente, y de que su saldo de votos frente a la coalición PSOE-BNG, que en 1999 le era favorable en más de un 2%, se queda ahora un 6% más abajo. Además de esto, los populares gallegos tendrán que jugar en un contexto definido por el triunfo socialista en el cómputo general de votos en España, por la aparición de nuevos centros de poder socialista (alcaldía de Vigo y Diputación de A Coruña), de pérdidas simbólicas como Zaragoza y la Comunidad de Madrid, del dudoso cerco a la Comunidad de Baleares y del espectacular refuerzo experimentado por la coalición PNV-EA. Y tampoco en este caso me parece posible tapar tantos huecos con el triunfo esperado de Ruíz Gallardón, que, si arregla algo las primeras páginas de hoy, augura fuertes conflictos para mañana. Y por si alguien duda del porqué de estos resultados, que se lo pregunte al alcalde de A Coruña, que sufrió la derrota moral de estas elecciones, y que, en un momento en que su partido cosecha notables resultados, acaba de pagar su actitud en la cuestión del Prestige y la guerra de Irak. En una situación normal tendríamos que reconocer que la derrota sufrida por el PP en el conjunto de España es un poco más dulce de lo esperado. Pero es necesario recordar que estamos en vísperas de dos enormes movidas, la de Aznar y la de Fraga, se van a hacer bajo el signo del cambio y la posibilidad de la derrota, y que la situación en las nacionalidades históricas es aún más complicada. Por eso se hace evidente que el PP ya no podrá renovar su mayoría absoluta en las elecciones generales del 2004, y que todo lo que acontezca en la política durante el próximo año habrá que verlo e interpretarlo bajo esta concreta perspectiva, con un discurso que empezará a cambiar desde hoy mismo. Porque, como sucede en las democracias maduras, un gran partido nunca se derrumba, pero recibe avisos que tienen sabor a cambio.