Prolífico Thánatos

| FRANCISCO RÍOS |

OPINIÓN

23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

hablar.bien@lavoz.es THÁNATOS, la personificación griega de la muerte, hijo de la Noche y hermano del Sueño, ha dejado en varios idiomas su huella en forma de elemento compositivo que da lugar a numerosas palabras. En español, tanato- y -tanasia son padres de voces relacionadas con la muerte: tanatofobia ('miedo obsesivo a la muerte o a los cuerpos muertos'), tanatología, eutanasia ('acción u omisión que, para evitar sufrimientos a los pacientes desahuciados, acelera su muerte') y distanasia ('tratamiento terapéutico desproporcionado que prolonga la agonía de enfermos desahuciados'). De entre las palabras con este elemento, la más usual es tanatorio, que designa el local acondicionado para velar cadáveres. En ocasiones se trata de edificios exentos, algunos de los cuales son una clara muestra de la renuncia de ciertos arquitectos al prestigio profesional. Son bastantes los hijos de thánatos pendientes de entrar en el Diccionario de la Academia. Entre ellos, tanatografía ('relato o historia de la muerte de una persona'), tanatopráctico ('especialista en tanatopraxia, la técnica para conservar temporalmente los cadáveres'), tánatos ('conjunto de impulsos y tendencias de la personalidad humana hacia la muerte'), tanatosala ('habitación refrigerada y acristalada donde se coloca el cadáver durante el velatorio'), tanatocresis ('relación de los restos de una especie muerta con otra viva'), tanatopático (se dice de los trastornos que llevan a la muerte), tanatólogo, tanatocenosis ... Ante el duro trance que a todos espera, unas veces como testigos próximos y la última como inevitables protagonistas, nos quedan la tanatología y los tanatólogos. La primera es el 'conjunto de conocimientos médicos relativos a la muerte' o, en definición de la Sociedad Española de Tanatología (http://tanatologia.org/set/), la 'ciencia encargada del estudio de la muerte'. Los tanatólogos, que la conciben como una disciplina de ayuda profesional, trabajan con las personas cuya muerte está próxima y con sus familias para intentar que la vida restante tenga calidad y para aceptar con dignidad la muerte. Porque, como dice Quevedo en Sueño de la muerte, «lo que llamais morir es acabar de morir, y lo que llamais naçer es empeçar a morir, y lo que llamais viuir es morir viuiendo».