Muerte de una candidata

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

23 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA CAMPAÑA ha tenido un final terrible: una modesta candidata de un pueblo aragonés fue asesinada por su marido. Un crimen más de la mal llamada violencia de género . Un símbolo dramático: en la lluvia de ofertas de estas dos semanas, la que menos se destacó -aunque se habló de ello- ha sido la lucha contra esta lacra. Hay que disculparlo: luchar contra esa violencia es una tarea del Estado. Las corporaciones municipales y las autonomías no tienen competencias. Pero, de la misma forma que se lanzaron programas propios de unas generales, los líderes pudieron demostrar mayor sensibilidad. Desgraciadamente, la actualidad ha servido noticias suficientes como para incluir más referencias en los mítines. Estamos, según todos los datos, ante la causa de mayor mortalidad violenta. Por los factores que sean, sin descartar el del contagio, es lícito hablar de terrorismo doméstico. Pero a los líderes les pareció mejor atizar al contrario o denunciar sus desnudeces que contribuir a crear un clima de opinión. Será que no da votos. Ayer, el infatigable Aznar se reunió con jóvenes. Les vendió que ha sido él quien se cargó el servicio militar. El encuentro comenzó con un minuto de silencio. Pero, según los informativos de la SER, el presidente no tuvo ni una palabra -ni de pesar, ni de comentario- por el asesinato de su compañera candidata. A lo mejor es que su pueblo es demasiado pequeño. A lo mejor es que no quería entristecer una reunión tan alegre y juvenil. Pero había una mujer asesinada. Y era compañera de partido. Y se iba a jugar su prestigio en la defensa de sus siglas. Está claro que hay muertos distintos, violencias distintas y distintas reacciones. Si esa mujer hubiera sido tiroteada por un etarra, ¿se imagina alguien lo que se diría en los mítines? Pero no quiero llegar tan lejos. Si, simplemente, fuera víctima de una pequeña agresión verbal de un miembro de la «coalición social-comunista», se habría puesto el grito en el cielo. Se habría agitado el fantasma del miedo y la confrontación. Así se escribe la sensibilidad política.