CUALQUIERA lo diría. Con los dientes de leche se ha pasado del ratoncito Pérez a las células madre. Antes, cuando se caía un diente de leche, se ponía debajo de la almohada, para que el ratoncito Pérez dejase un regalo. El caso es que (La Voz, 23-4) científicos americanos han descubierto que los dientes de leche pueden ser una fuente importante de células madre. Se multiplican rápidamente en cultivo y pueden convertirse en neuronas o en tejido óseo o dental, posibilitando el tratamiento de enfermedades del sistema nervioso, la curación de dientes estropeados o la inducción de la regeneración de los huesos. Se ha encontrado así una alternativa a las células madre embrionarias. Es de desear que estas nuevas células madre no se vean envueltas en la estéril polémica surgida con las embrionarias. A partir de ahora, los niños deben donar sus dientes de leche a la Ciencia, para que sus células madre se usen con buen fin. La sociedad debe encargarse de buscar un nuevo empleo al ratoncito Pérez.