ESTE PAÍS sufre una especie de condena: desde 1977, no hubo proceso electoral donde los jueces no le hayan dado un protagonismo especial a Herri Batasuna. Desde la primera ocasión, en que se decidió procesar al histórico Telesforo Monzón en plena campaña, la historia se ha repetido sistemáticamente. Hasta hoy, que supongo que será la última vez, porque Batasuna ya está fuera de la legalidad. Pero hoy, cuando sólo quedan 48 horas de campaña, todos los periódicos publican la orden del Supremo de disolver el grupo de Batasuna en el Parlamento vasco. La ilegalización de este partido se había llevado con notable éxito: no hubo grandes conflictos de orden público, las protestas de los nacionalistas han sido digeribles , e incluso ETA parece haber aceptado con resignación la realidad de los hechos. La resolución del Supremo, legalmente inevitable, introduce un nuevo ingrediente. Le presta a todo el nacionalismo un plus de presencia en la opinión pública que el nacionalismo se dispone a aprovechar. Quiero decir que nos debemos disponer a escuchar frases solemnes sobre la intromisión del Estado en un parlamento autónomo, asalto a la soberanía o uso de la Justicia con fines partidistas. Por supuesto, se utilizarán todas las triquiñuelas para retrasar el cumplimiento. ¿Y la propia Batasuna? Pues, increíblemente, va a capitalizar esta resolución. Se seguirá presentando como mártir de los poderes del Estado. Dirá esas lindezas de genocidio ideológico . Llamará a sus fieles para que le voten, aunque ese voto sea un sufragio perdido. Pero será su seña de identidad y su defensa: un alto número de votos nulos le permitirán decir ante el mundo que han ilegalizado a un importante porcentaje del pueblo vasco. Arzalluz y los suyos, aunque aprovechen publicitariamente el momento, tienen que estar cabreadísimos. Y es que cada voto nulo será un voto que ellos pierden, después de haber soñado tanto con él. Y algo peor: salvo que Odón Elorza se deje seducir, se quedan sin tener con quién completar mayorías. No se puede pactar con un voto nulo.