NUNCA MÁIS sólo es una actitud negativa y Galicia necesita ofrecer imágenes positivas. No se puede dudar de que fue una frase ingeniosa, sonora, un grito desesperado, pero no aporta nada, sólo niega. Ahora ya se debe considerar pasada, obsoleta, retrógrada, conservadora y lastimera. Es necesario dar un paso más y decidirse por promover el Sempre máis . No conformarse con menos de lo que ahora se ha conseguido con el Plan Galicia. Si uno se empeña en no reconocer los avances, los progresos y las soluciones conseguidas seguirá emitiendo los mismos llantos, y las lágrimas no le permitirán ver nuevas vías de progreso. Todo lo que reclama ahora Nunca Máis ya está en marcha o a punto de conseguirse: la pesca está normalizada; las playas están limpias o limpiándose, yo creo que más que nunca: profundizamos, aseamos calas, piedras y rincones a los que nunca prestamos atención. Es cierto que siempre será necesaria la limpieza de playas en nuestras costas, porque ningún espacio o superficie puede considerarse limpio definitivamente. Es cierto que hubo fallos y seguirá habiéndolos mientras las responsabilidades públicas estén a cargo de los humanos. La Administración autonómica tampoco puede engañar o dar falsa imagen de normalidad si no existiese: reconoce que hay fuel agazapado en algunos fondos de la Costa da Morte, que aún debe ser recogido o eliminado. Pero también es cierto que las personas afectadas tuvieron la protección adecuada; se ha decidido la solución definitiva para el barco hundido, y se han puesto en marcha unas medidas económicas que nunca se hubiesen conseguido. Por tanto, parece irresponsable seguir pidiendo que tomen estas medidas. Habrá que buscar otros objetivos. Parece más lógico exigir que se cumplan las previstas en plazos razonables. Que podamos disfrutar de ellas lo antes posible. Y que la atención a Galicia vaya siempre a más. No se puede negar que un asunto tan pringoso es una gozada para quien ejerce la oposición, pero persistir en el empeño nos puede pringar a todos. La insistencia en afirmar que el chapapote está ahí, que no se ha hecho nada, que hay peligro de contaminación, que la administración miente, que las rocas están sucias, casi igual que el primer día, sólo beneficia a los productores de marisco de otras zonas de España. Si de este perjuicio a Galicia el consorcio BNG-Nunca Máis quiere sacar rentabilidad política quizá sea legítimo, pero el daño que proporciona a su tierra no es poco. Es paradójico que quienes aspiramos a ver alejada definitivamente la negra sombra de Galicia no nos veamos libres de patriotas que insisten en mantener una penosa imagen de Galicia negra, sucia, incapaz de resolver los problemas por sí misma. Y más triste es constatar que se promueve de forma habitual en TV la visión de una costa gallega sucia, se siembran sospechas sobre la calidad de sus mariscos y sobre la tranquilidad de sus playas. De todas formas, el consorcio BNG-NM no parece que vaya a sacar mucha rentabilidad en votos de tanta pringosidad. Las manifestaciones públicas de una sana y colectiva indignación popular no se van a traducir precisamente en una exaltación nacionalista en las urnas, porque los gallegos seguimos manteniendo el sentido común.