Lo que anuncian las encuestas

| FERNANDO ÓNEGA |

OPINIÓN

18 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

POCAS VECES fueron tan esperadas las encuestas electorales, y pocas veces dejaron a tanta gente tan fría. Me temo que se va a cumplir el pronóstico más descreído: no habrá un vuelco del poder. Habrá las novedades lógicas, pero no un vuelco. La oposición al PP no ha conseguido aprovechar la marea de impopularidad del gobierno ni el clima de protesta social. El PP, a su vez, no ha conseguido convertir en intención de voto esos magníficos resultados de gestión que presentan el señor Aznar y sus ministros. Pero algo de cambio se intuye cuando se entra en el detalle de los sondeos: es la tendencia a la baja del PP, sólo atenuada por la posibilidad de que sea víctima del «voto oculto» que siempre castiga a la fuerza gobernante. De esa tendencia se beneficia el PSOE, que se encamina así a la gran meta que se había propuesto: convertirse en el partido más votado en el conjunto de la nación. Aunque no gane sustanciales cuotas de poder en grandes ayuntamientos ni en la mayoría de las comunidades autónomas, eso le permitiría proclamarse ganador de las elecciones y meterse bien situado en la carrera de la Presidencia del Gobierno, que comenzará el día 26. El panorama está muy abierto. Los indecisos de hoy parece que serán la fuerza decisiva del domingo. Y, mientras aclaran sus intenciones, hay dos detalles que no entran en la lógica habitual. Uno es la previsión de Baleares. Su gobierno de coalición se ha presentado como el ejemplo de la mayor colección de errores que puede cometer un equipo. Sus resultados son, sencillamente, malos. Y, sin embargo, es querido por los ciudadanos, que quizá dejarán al ex ministro Matas en la oposición. El otro es el «eje» Madrid-Valencia. Son el «orgullo» del PP, ejemplo de prosperidad y buen gobierno. ¿Y qué hacen los consultados? Decir que tienen muchas dudas sobre si renovar la confianza a tan buenos gestores. Todo esto es muy extraño. No parece política ni sociológicamente correcto. Lo que me produce pena es que, en el caso de Madrid, todas las culpas caerán sobre una mujer: Ana Botella.