CARLOS G. REIGOSA | O |
16 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.En buena lógica, mañana debiera haber ganado las elecciones a la presidencia de Argentina el candidato peronista Néstor Kirchner, tras derrotar al también peronista Carlos Menem. No será así porque la retirada del incombustible Menem el pasado miércoles lo hará imposible, y Kirchner accederá a la presidencia el próximo 25 de mayo, conforme establece el Código Nacional Electoral. ¿Qué ha detenido al ambicioso Menem, que hace una semana daba por segura su victoria y alardeaba de no haber perdido nunca unas elecciones? Lo han parado las encuestas, que le auguraban una derrota contundente. Una derrota que, sin embargo, hubiera fortalecido las instituciones y el propio proceso electoral. Pero la generosidad con su país no es una marca del caudillismo. Así, Menem ha preferido quedarse con la victoria de la primera vuelta, dos puntos por encima de Kirchner, que tuvo el 22,4% de los votos. Y se ha refugiado «no se reúnen las condiciones para que el país cuente con un poder político imbuido de plena y transparente legitimidad democrática». Kirchner le ha llamado «cobarde», pero sus seguidores le gritan «¡Presidente!» y se disponen a esperar su hora . Mal empezamos.