¡Que vienen los galos!

| ROBERTO L. BLANCO VALDÉS |

OPINIÓN

13 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

EL CENTURIÓN Borricus, siguiendo las instrucciones de Espinadecactus, prefecto de las Galias, da orden a sus tropas de formar. Tenemos entonces la oportunidad de contemplar el grandioso espectáculo de las legiones romanas maniobrando: ¡en cuneus!, ¡en manipula!, ¡en cohorte!. Entre un inmenso mar de escudos, el prefecto grita a sus legionarios: « ¡Signa inferre! ¡Praege! ¡Concursu! ¡Ad gladios! ¡Infestis pilis! », lo que, es obvio, significa «¡Adelante! ¡Marchen! ¡Paso de carga! ¡A las armas! ¡Apunten!». Parece, sí, que la contienda se decidirá conforme a las reglas del noble arte de la guerra, cuando, ¡purrrruúm!, Asterix y sus galos salen echando centellas del poblado y, ¡cataplás!, ya no hay escudos, ni cohortes, ni, por supuesto, signa inferre : todo es ya un salmoretín de gritos y puñadas, donde cada uno se defiende como puede y da leña a todo el que tiene alrededor. Y entonces el arte de la guerra se convierte en una trapallada. Con ello cerramos la metáfora. Metáfora, cierto, porque las campañas electorales son como un ataque a saco de los galos. El noble arte de las campañas indica que aquellas deberían posibilitar la comunicación entre candidatos y electores, ofreciendo unos sus propuestas y haciendo llegar los otros sus deseos. Para entendernos: las campañas deberían ser como una especie de gran legión romana maniobrando. ¿Lo son? Ustedes mismos juzgarán. Cojamos tres perlas al azar. Corina Porro promete suprimir el recibo de basuras, algo pistonudo si hubiera empresas dispuestas a recogerlas sin cobrar. Como no hay, debemos suponer que la recogida se pagará con cargo a impuestos (y no a tasas): pero decir a los vecinos que puede ser gratis lo que de hecho no lo es, supone una forma de entrar en campaña al mogollón, como los galos. Al mogollón entra también Anxo Quintana, que ahora nos cuenta que el PSdeG y el PP rivalizan por ver quién es más reaccionario: sí, sí, han leído bien, el mismo PSdeG con quien el BNG ha cogobernado en las ciudades y el mismo con el que piensa repetir. Touriño, en fin, que no hay día que no hable del Prestige , aclara que él no busca rentabilidad electoral de la tragedia: además de un chiste, tal cosa resulta incomprensible, pues, ¿no piensa Touriño que el PP debería pagar en las urnas los gravísimos errores de gestión que merecieron la moción de censura que él mismo presentó? Bien es cierto que todo esto no son más que fruslerías en comparación con la mayor galada de una campaña electoral protagonizada por «el combate de los jefes»: es decir, por el combate de dos señores (Aznar y Zapatero) que no se presentan a las elecciones del día 25. Pues, ¡signa inferre!