Defensa de la ONU

OPINIÓN

QUERIDO MUNDO

04 may 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA ONU contiene en sí misma la historia de todo lo que se ha hecho desde la II Guerra Mundial hasta hoy para organizar el mundo y lograr que sea más pacífico, amistoso, igualitario, libre y cooperativo, como señala el artículo primero de la Carta de Naciones Unidas. No lo ha logrado siempre, pero, cuando ya está a punto de convertirse en sexagenaria, hay que decir que sus éxitos están muy por encima de sus fracasos (entre los que habría que anotar algunas omisiones graves). Gracias a esta organización se lograron compromisos universales (derechos humanos, desarme, etcétera) y se trataron problemas transnacionales (drogas, terrorismo, criminalidad, medio ambiente), sin dejar de atender otros que requerían conjugar dimensiones sociopolíticas y económicas. Una actuación que reforzó el peso de la diplomacia multilateral en el ámbito internacional, facilitó la emergencia de afinidades y solidaridades regionales y generó verdaderos espacios de intercambio y de progreso. Defender hoy la ONU no es defender a un paquidermo que a veces ha mostrado una lentitud exasperante o una ineficacia sublime (casi siempre fruto de la falta de voluntad política de sus miembros). Defender hoy la ONU es apostar por el multilateralismo, conscientes todos de que responde mejor que cualquier otra fórmula (unipolar, bipolar) a los retos de la sociedad internacional. Defender hoy la ONU es valorar adecuadamente la necesidad de un foro universal de discusión y de decisión que, lejos de desdibujar las especificidades nacionales, sirve para realzarlas y enaltecerlas favoreciendo su conocimiento y su consideración. Defender hoy la ONU es situarse del lado de la diversidad, de la pluralidad, de la democracia. ¿Es una institución esclerotizada que puede paralizar decisiones urgentes? Quizá. Pero hacerla funcionar es justamente la responsabilidad de las grandes naciones. A ellas les corresponde agilizarla y modernizarla o condenarla al ostracismo. Si hacen esto último, lo pagaremos todos. Como siempre que los grandes se equivocan.