Sónar y radar ¡Ay, Cuba!

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

30 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

Para enviar preguntas: EL ECO es la reflexión del sonido en algún objeto situado a una distancia tal que se distingue el sonido de ida y el de vuelta. Por el tiempo que tarda en ir y volver se puede saber la distancia a la que está el objeto. Los murciélagos vuelan en la noche lanzando pulsos de ultrasonidos (no audibles para los humanos) que chocan con los objetos, se reflejan y son recogidos por sus oídos ultrasónicos. El sónar y el radar son dos aparatos que tienen el mismo principio de funcionamiento que el eco o el vuelo del murciélago: la reflexión de las ondas. Los dos tienen un sistema de emisión de ondas y otro de detección de la onda reflejada, además de dispositivos para determinar la distancia del objeto y su posición. Se diferencian en que el sónar emite ondas ultrasónicas (como el murciélago) y el radar envía pulsos de radiaciones electromagnéticas, que se mueven a la velocidad de la luz. Sónar se forma con las primeras letras de las palabras inglesas: sound, navigation and ranging (navegación y medición de distancias mediante sonidos). Se usan transductores (dispositivos que transforman la energía eléctrica en cualquier otro tipo de energía y viceversa) para generar pulsos ultrasónicos y recoger las ondas reflejadas, que se visualizan en una pantalla o en un sistema similar. El sónar determina automáticamente la distancia a la que está el objeto causante de la reflexión: fondo marino, costa, submarino o banco de peces. Radar se forma por las primeras letras de las palabras inglesas: radio detection and ranging (detección y estimación de distancias mediante ondas de radio). El radar, usa radiaciones electromagnéticas, que se mueven a la velocidad de la luz. Los radares permiten determinar la posición y velocidad de los aviones y son imprescindibles para la navegación aérea. Dada la elevada absorción del agua sobre las ondas electromagnéticas, no podrían usarse en el sónar. Por el contrario, por la pequeña velocidad de propagación de las ondas sonoras, no servirían para detectar aviones. En octubre del 1998 compré una finca de 3.000 metros cuadrados en el término municipal de Valdoviño por cuatro millones de las antiguas pesetas. Según la normativa vigente en aquel entonces, esta finca era edificable. Tanto la adquisición de la finca, más gastos de notario y registro, como su adecuación a las normativas vigentes en el momento de la compra (dotación de tendido eléctrico y suministro de agua por medio de pozo), han representado un fuerte desembolso de dinero, orientado a un objetivo final: la construcción de una vivienda. En febrero del presente año, por la prensa, me enteré de la entrada en vigor de la Ley 9/2002, de 30 de diciembre, de ordenación urbanística y protección del medio rural de Galicia. En la sección de Urbanismo del Ayuntamiento de Valdoviño me informaron de que debido a la citada Ley, ya no se podía edificar en la zona donde mi finca está ubicada. Tras haber invertido casi 36.000 euros, mi pregunta es sencilla: ¿Es así como la Xunta de Galicia pretende fomentar el ahorro? ¿Ahorrar para qué? El espíritu de la Ley 9/2002 es evitar la diseminación de viviendas en la zona rural, pero pienso que éste espíritu está en oposición con una de las tradiciones más arraigadas del pueblo gallego: construir nuestra vivienda separada de la del vecino. ¿Qué es lo que piensan hacer con las viviendas ya edificadas fuera de núcleo? Alfonso Ledo Pérez. Ferrol. En los países de la América Latina suelen recordarnos aquello de «lo que es igual, no es trampa». O lo que es lo mismo, poner en práctica la ley del Talión. Para trabajar en Cataluña es obligatorio haber pasado un examen de la lengua catalana. De otro modo, por muy interesante que sea nuestro currículo, nos darán con la puerta en las narices... Y yo me pregunto: ¿Es constitucional esta exigencia? Porque de serla, ¿por qué no ejercerla en el resto del Estado español, en sentido contrario? Sabemos, aunque nuestros políticos miren para otro lado, que la lengua de Cervantes está condenada a morir por parte de Cataluña, Vascongadas y Galicia. Y seguida, aunque con menos injerencia, por Asturias, Valencia y Baleares. Entiendo que el conocimiento de nuestras cuatro lenguas nos enriquecerá sobremanera. Pero no es menos cierto que la imposición de las tres restantes se aleja mucho de lo que todos entendemos por democracia. Y ya que hemos optado por imponerlas a sangre y fuego, obliguemos a los profesionales de esas autonomías a que en el resto del territorio nacional pasen un examen de castellano para acceder a un trabajo. De llevarlo a cabo, créanme que los dirigentes políticos de las autonomías mencionadas cambiarán su hoja de ruta para evitar el triste destino del futuro de nuestros hijos y nietos. Luis de Miranda. A Coruña.