Las elecciones del 25 de mayo

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

30 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

DESDE LA MONCLOA se pretende convertir las próximas elecciones municipales en un plebiscito sobre la figura de José María Aznar. El diseño y los contenidos de la campaña no dejan lugar a dudas al respecto. El presidente del Gobierno monopoliza la campaña electoral de su partido, en la que dedica más tiempo al intento de deslegitimar a los líderes de la oposición que a presentar un balance de gestión y a formular sus proyectos de futuro. Cuando ha visto la posibilidad real de que la oposición le dispute la victoria electoral, no ha tenido escrúpulos en desempolvar la política de la crispación y destrucción del adversario, sin mostrar la más mínima preocupación por el grave daño que esta decisión causa a la convivencia y las instituciones democráticas. Tal actitud es, sin embargo, coherente con el estilo y las concepciones del actual presidente del Gobierno. En efecto, desde que posee mayoría absoluta, Aznar ha interpretado su victoria electoral más como un cambio de régimen que como un acto normal de alternancia democrática. Por eso cada día muestra mayor incapacidad para tolerar la discrepancia. Cuando ésta se produce, como consecuencia del pluralismo político y social, la respuesta del presidente consiste, invariablemente, en la descalificación política y moral del discrepante, se trate de un partido político, de un medio de comunicación, de un tribunal, de un fiscal o de un sindicato. Por eso no considera a la oposición una opción diferente de la suya pero legítima, y por esa misma razón no concibe la alternancia, salvo como delito de lesa patria. En estas circunstancias, la importancia de las próximas elecciones del 25 de mayo trasciende ampliamente el ámbito municipal. Tengan ustedes la seguridad de que cada voto obtenido por el Partido Popular no sólo servirá para elegir concejales y alcaldes, sino que será utilizado por José María Aznar para legitimar su discutible y contestada acción de gobierno - Prestige , AVE, guerra en Irak, etcétera- y para respaldar su inaceptable proyecto autoritario y excluyente. El Partido Popular, al dejarse arrastrar por la paranoia de su presidente, adquiere una grave responsabilidad, y debe ser consciente que asume importantes riesgos. Por su parte, la oposición no puede ignorar la magnitud del desafío, y está obligada a librar la batalla en toda su dimensión política, sin complejos ni actitudes defensivas. El 25 de mayo nos jugamos, me temo, algo más que el gobierno de nuestros municipios.