Urnas y crisis

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

HA VOTADO Argentina la primera vuelta de sus presidenciales sobre un aniversario más de la catástrofe de Chernobil. Dicen los expertos que se funde el sarcófago de cemento donde reposa el reactor fuera de control. La fusión argentina de los propios soportes -económicos, sociales y políticos- genera radiactividad en forma de graves inestabilidades de fondo: una caída del PIB (Producto Interior Bruto) de casi el 11 por ciento, con una inflación explosiva del 41 por ciento, en el pasado año; con más de 3.000 muertes infantiles por inanición en el mismo periodo. Todo ello compone la gráfica de otro cataclismo, de un distinto Chernobil. ¿Cuál de los candidatos a la presidencia puede ser capaz de convertir en tabla de salvación ese sarcófago donde yace un paradigma (Argentina) de la opulencia americana? ¿Cuál de los aspirantes puede hacer el milagro de invertir las cifras que describen la situación? Todos sabemos -o todos sospechamos, los argentinos primero que nadie-, que ninguno, incluido Carlos Ménem que vuelve con el recetario de sus dos presidencias. Quizá por eso, la pronosticada segunda vuelta, que define el triunfo por la mayoría necesaria. Si a las referidas cifras del año 2002 , se añade el dato de que la recaudación fiscal en Argentina apenas alcanza el 15 por ciento del PIB, acaba por documentarse del todo el escepticismo. El mucho y mal utilizado poder de los gobernadores, la fragmentación del peronismo en su descrédito y el descrédito acumulado de los radicales, hacen del rescate argentino, en el corto y el medio plazo, una misión poco menos que imposible. Por eso el cantado desánimo electoral de ayer; de ahí el desencanto de los votantes, incluso con el espejismo de la brillante década de Carlos Ménem. Ni una clase política ni una moral nacional se improvisan; tampoco de una catástrofe sale necesariamente la catarsis.