EL AMIGO DEL LECTOR
26 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.UN POCO grato malentendido ha venido a enturbiar los últimos días de este periódico a propósito de la guerra, o la postguerra, de Irak. No se trata del aspecto informativo en torno del conflicto, sino del malestar de la familia -al menos de uno de sus miembros- de nuestro compañero José Couso Permuy, muerto en Bagdad cuando un tanque de EE. UU. abrió fuego indiscriminadamente contra el hotel donde aquél se encontraba, junto con otros periodistas. El caso es que Francisco J. Permuy López nos remite un correo electrónico en los siguientes términos: «Adjunto le remito la esquela (publicada en otro periódico el 24 de abril) que intenté publicar en su redacción de Ferrol el día 22 de abril, pero se me comunicó que dicha esquela tenía que pasar el visto bueno del 'director de A Coruña' (¿Censura?) a lo cual me negué: creo que la libertad de expresión es derecho irrenunciable y un crimen de guerra es un crimen denunciable (Protocolo I Adicional a la Convención de Ginebra de 1977)». Sin entrar, porque no es nuestro cometido, en si los disparos de las fuerzas de Estados Unidos contra el hotel Palestina constituyen o no un crimen de guerra, nos circunscribiremos a aclarar esta protesta. Hechas las oportunas averiguaciones, hemos podido constatar que Francisco J. Permuy López se presentó, efectivamente, en la Redacción de La Voz de Galicia de Ferrol, donde fue atendido por la señorita de recepción, quien procedió a tomar el texto de la esquela dictada por Permuy. Otro administrativo lo oyó y le advirtió que, al tratarse de una esquela atípica, sin duda habría que consultar a algún responsable de redacción. Acto seguido, J. Permuy López, abandonó el lugar. Debe quedar muy claro, en consecuencia, que La Voz no rechazó en ningún momento la esquela de José Couso. Ni el delegado ni los redactores, ni mucho menos el director del periódico, están al corriente de los hechos. ¿Un exceso de celo del peronal administrativo? De ninguna manera, sólo el celo que les es exigible. Aunque nada tiene que ver con lo ocurrido, en otro orden queremos insistir en que la prensa libre no ejerce en modo alguno la censura si, en uso de sus criterios, se niega a publicar determinadas entregas. La censura se ejerce en los sistemas dictatoriales y no está tan lejos la época en que España la padecía. A la familia Couso Permuy debe constarle que la injusta muerte de José la sentimos como propia todos los periodistas, en particular los gallegos y, sobre todo, los ferrolanos. Por lo que al Amigo del Lector se refiere, la relación es todavía más entrañable, especialmente por su dilatada y sincera amistad con el portavoz de la familia, su querido compañero Rafael Permuy, colaborador, por cierto, de La Voz de Galicia hasta hace poco. Lamentamos el equívoco y lo atribuimos al natural estado de ánimo reinante tras la espantosa desaparición del joven camarógrafo.