SADAM Huseín era un dictador sanguinario. Esto es algo que nadie puede negar. Pero no dirigía la única tiranía del mundo. Según la asociación Freedom House, afín al Gobierno de Washington, hay otros ocho países tan represivos como Irak. Son Birmania -una dictadura militar- Cuba y Corea del Norte -dos regímenes marxista-leninistas de partido único-, y Libia, Arabia Saudí, Sudán, Siria y Turkmenistán -de mayoría islámica-. Inmediatamente detrás de esos nueve figura la Guinea Ecuatorial de Obiang, a quien José María Aznar no tiene empacho en recibir. Son los peores de los 47 calificados como «no libres», donde una amplia gama de libertades son sistemáticamente negadas a sus ciudadanos. Estados Unidos mantiene relaciones privilegiadas con varios de ellos: Arabia Saudí, Turkmenistán, Uzbekistán, Guinea Ecuatorial, Egipto, Pakistán y Túnez, entre otros. Un ejemplo del doble rasero de Washington es Egipto, donde gobierna con mano de hierro desde hace 22 años Hosni Mubarak, que aspira a ceder la presidencia a su hijo. Esta dictadura, calificada como «régimen moderado» en los medios norteamericanos, recibe 3.000 millones de dólares de ayuda norteamericana al año (casi tanto como Israel), aunque prohíbe las manifestaciones, tiene 20.000 presos políticos y los homosexuales son condenados a duras penas. Esa hipocresía moral es lo que más irrita en el mundo, sobre todo en el árabe, de la hiperpotencia, con mucha razón. Cambian de régimen en Bagdad -provocando sea dicho de paso una explosión integrista chiita de consecuencias imprevisibles- y colaboran con gobiernos criminales. El caso de Siria es singular. El régimen de Bachar al Assad ha sido puesto en la diana de los halcones de Washington. Nadie duda, como documenta Freedom House, que es una dictadura férrea. Estados Unidos dice que posee armas de destrucción masiva y que esconde a la camarilla de Sadam. Las condiciones de la «guerra preventiva» al margen de la legalidad, como en Irak, se dan. Sin embargo, para el Gobierno español, Siria es un país «serio» y un «amigo».