Las hijas de Elena

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

OPINIÓN

SE HA INFORMADO de que cuando, en plena crisis de la guerra en Irak, Blair llamó a Aznar buscando consuelo para sus desventuras parlamentarias, éste le dijo: «Pues peor lo tengo yo, Tony, que sólo el cuatro por ciento de los españoles apoyan la guerra». A lo que Blair, simpaticote él, parece que retrucó «¡Vaya, esos son menos que los que creen que Elvis Presley todavía vive!». Si no se tratase de una entrevista del premier británico, transmitida por una seria agencia de noticias, cualquiera pensaría estar siendo objeto de una broma pesada. Y sin embargo las cosas son así. Ante las encuestas sociológicas se suelen hacer variadas cosas: seguirlas al pie de la letra (¿recuerdan aquello de gobernar por el CIS?), maquillarlas al gusto como el segundo de Artur Mas o, simplemente, ignorarlas y hacer el gobernante lo que le venga en gana en contra de la mayoría abrumadora, que es de la que gusta nuestro presidente. Como las hijas de Elena, ninguna de las tres era buena. Pero la tercera, la peor.