Líderes de otro tiempo

OPINIÓN

20 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LA imposibilidad de que hombres como Arafat o Fidel Castro conciban un sucesor a su altura muestra la patética desmesura de sus respectivos egos, ya hipertrofiados. Uno y otro permanecen aferrados a sus bastones de mando, dispuestos a perpetrar cualquier inconveniencia con tal de seguir protagonizando la historia de unos pueblos que ellos creen de su propiedad. Sus egos deformes les impiden ver que ya no forman parte de la solución. Por el contrario, son parte, y a veces la totalidad, del problema. Sin ellos, todo iría mejor. Ninguna urna les reclama que sigan con sus titánicos esfuerzos, ni es indispensable la prolongación de sus trapacerías de viejos zorros. Pueden retirarse. Por el bien de todos. Pero no lo harán. Sin el menor ánimo de compararlos (cada uno tiene la historia que se ganó a pulso), es imposible no percibir el patetismo que representan sus caudillajes en estos momentos. Mientras el amo de Cuba aprieta sin sentido el acelerador de la represión interna, el presidente de la Autoridad Palestina se muestra cicatero y reservón con su primer ministro, Abú Mazén, que intenta formar un Gobierno con credibilidad y capacidad negociadora. Arafat, una vez más, sólo quiere controlar el poder y por eso demanda unos ministros de su cuerda. Mazén es una apuesta de futuro en la que el presidente de la Autoridad Palestina intuye su propia falta de futuro. Por lo cual no habría nada extraño en que provocase su dimisión u otra mala salida. Habilidades para ello no le faltan. Ni uno ni otro. Ni Castro ni Arafat. Con todos sus heroicos pasados personales, no son los hombres del presente. No representan la esperanza. No encarnan el comienzo de nada nuevo sino el final ya demorado de lo viejo. Los cubanos merecen la libertad y la democracia. Los palestinos también, dentro de un Estado reconocido y respetado, y con Israel sometido a los mandatos del Consejo de Seguridad. En Oriente Próximo ha pasado la hora de los guerreros (también la de Ariel Sharon) y ha llegado la de los pacificadores. Sería un crimen contra la humanidad desaprovechar la oportunidad.