Abandonados a su suerte

| YASHMINA SHAWKI |

OPINIÓN

20 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

LOS KURDOS DE IRAK viven en una autonomía autogobernada, desde hace siete años, después de que, tras muchos enfrentamientos entre ellos mismos, alcanzasen un acuerdo de convivencia pacífica. Los líderes kurdos han sabido ceder en sus aspiraciones políticas para llegar a un pacto que, si bien no soluciona su situación de forma definitiva, sí les ha permitido organizarse y hacer frente a la precariedad económica y a la amenaza del régimen de Bagdad de forma encomiable. Sólo gracias a esa organización y a ese orden interno kurdo, los norteamericanos, pese a la negativa turca a que desplegaran sus efectivos militares, han podido lanzar con éxito un ataque por el norte de Irak. Sólo gracias a la colaboración de los peshmergas kurdos han podido hacerse con Kirkuk, Mosul y Tikrit. Considero que la cooperación con los norteamericanos para alcanzar esa «supuesta liberación» del yugo de Sadam supone un grave peligro para ellos y les coloca en una difícil, sino imposible, situación. Por mucho que los líderes kurdos aseguren que su participación se limita a la eliminación del régimen de Sadam, es cuestión de poco tiempo que se empiece a pedir un autogobierno superior al que tienen. Los kurdos son prudentes y no hablan públicamente de independencia, pero lo piensan. Diez mil años de historia los convierten en el pueblo con más derecho a reivindicar el reconocimiento internacional a su existencia. Pero hay demasiados intereses en su contra. Baste recordar que diez millones de kurdos llevan luchando desde 1921 para conseguir no ya su independencia de Turquía, sino una mínima autonomía y no lo han conseguido porque el mundo ha mirado hacia otro lado mientras los turcos los masacraban y les negaban sus derechos, incluso el de hablar su propio idioma. ¿Por qué ese enconado empecinamiento del Gobierno de Ankara contra los kurdos? Porque suponen casi un tercio de su población, habitan un territorio con una importancia estratégica indudable al ser frontera natural con Irak, Irán y Siria, poseen los mayores recursos hídricos de la zona y, por supuesto, los yacimientos petrolíferos del país. Perder el control de toda esa riqueza debilitaría considerablemente a Turquía, no sólo desde el punto de vista económico y demográfico sino político, ya que supondría perder capacidad de maniobra en un entorno internacional complejo y hostil. Ni a EE.?UU, ni al Reino Unido y, por supuesto, ni a Turquía, les interesa que esto suceda. Va a ser muy difícil que los turcos desaprovechen la oportunidad de realizar una incursión en Irak con cualquier pretexto para disuadir a los kurdos de uno y otro lado de la frontera de cualquier veleidad independentista. Y una vez más, los kurdos serán abandonados a su suerte.