El pancartómetro

| PEDRO ARIAS VEIRA |

OPINIÓN

19 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

CADA MAESTRILLO tiene su librillo para sondear las tendencias de la vanguardia de la opinión pública. El mío particular lo elaboro a partir de la observación de las pancartas desplegadas en la universidad. Verificadas con los despliegues en las manifestaciones ciudadanas. Es mi pancartómetro. No hay ningún problema de inferencia muestral, sólo las de mi facultad son suficientemente representativas. En esta faceta parece como si la sociedad siguiera la universidad. Al menos en esto ejerce un sistemático liderazgo. Cuando llegó el Prestige no observé ninguna pancarta, pero cuando se hundió y don Manuel se fue de cacería, proliferaron por doquier. Pero siempre con los mismos temas y personajes, Aznar, Fraga, Rajoy y Cascos, convenientemente etiquetados como los responsables chapapoteros. Nunca vi una del ruso mafioso fletador de la carga, ni tampoco del armador griego. Que saliera un ministro de Bahamas o el intermediario de Liberia ya hubiera sido de nota. Pero no, los malos eran los de casa, los de fuera no traspasaban el Telón del Grelo del universo culpable de las pancartas. Con la guerra de Irak aparecieron los retratos más globalizados y selectivos, si bien con Aznar siempre de comodín. Bush tampoco faltaba. Las variaciones se debían a la diferente presencia de la Rice, Cheney o Rumsfeld. El general Franks salió poco, como Powell, y las referencias bélicas directas se plasmaban en dibujos genéricos de militares agresivos. Sadam Huseín no figuró en ninguna pancarta, era el malo ausente. Ojos que no ven, corazón que no siente. El cartel más significativo era una pequeña composición tamaño folio pegada en los laterales de los encerados, con Bush ejerciendo de domador y un Aznar jibarizado con cuerpo de oso de circo, saltando al son de los latigazos del americano. Como fondo, una torreta de extracción petrolífera tradicional, desbordando goterones negros. Todo un símbolo de la libertad de expresión y de la concepción científica de la Economía y de la Historia. Las pancartas vienen siendo tan asimétricas que en realidad ya no me sorprenden. Tras leer la prensa ya intuyo lo que se pondrá en los paneles de las facultades. Pero ahora tengo una duda. ¿Aparecerán las fotos de Fidel Castro y los descalificativos que se merece tras la cruel represión de los disidentes y las tres ejecuciones sumarias?, ¿se expondrán los rostros y los nombres de las víctimas? Sinceramente, no me lo imagino. Como tampoco presiento carteles de No a Fidel ni grandes pancartas de Nunca Máis Represión en las ventanas y frontispicios de los centros. La esperanza de grandes manifestaciones para la libertad en Cuba roza el idealismo utópico. La victimología comparada enseña que sólo son malos nuestros adversarios o los amigos de nuestros enemigos. Siempre que tengan poder, estatus, medios o prestigio que pretendamos reemplazar. Quítate tú para ponerme yo, vieja ley de la vida y la muerte. Antes que Freud ya Tucídides alertó sobre el irracionalismo subyacente en la sociedad. Y todavía es anterior la referencia bíblica a la dualidad de Caín y Abel. Sobre esta realidad fundamental Hobbes creó las bases del estado de derecho, alertando a que se organizaran contrapesos a nuestra esencial parcialidad. Pero entre nosotros no funcionan; el agresivo maniqueísmo español, y gallego, perdura en la selectividad de las pancartas. Siempre los mismos malos y siempre los mismos ausentes.