19 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.
SI NO fuese porque hay muertos por medio, ese afán de Arzalluz y los suyos, por regresar al neolítico, nos movería más a la carcajada que al disgusto. Tras treinta años de violencia, veinte regidos por el PNV, al País Vasco le queda la esperanza de que las ideas de libertad, justicia y progreso son logros del hombre moderno. Justo las que nos separan de la prehistoria.