LOS VIAJES, dicen, forman a la juventud; dicen bien, y en vista del provecho que le saca a la trashumancia un tipo provecto y canoso como yo, añadiría que se quedan cortos. En cuatro días de una semana estuve en el festival de cine de Bretaña, en París vi una de las películas más emocionantes del momento; fui a Coruña, Pontevedra y Compostela con Ignacio Ramonet y en todas partes aprendiendo, descubriendo cosas nuevas. Me limitaré a contarles las dos primeras, que el espacio impartido para esta crónica no da lugar para todo. En Nantes, Pilar Martínez-Vasseur, catedrática de Historia, me mostró una exposición sobre Galicia, facilitada por nuestro Consello da Cultura. Unos veinte paneles que relatan la historia de nuestro pueblo en las Américas hicieron vacilar una serie de convicciones que me anclaron desde niño. Siempre había creído, tal cosa me había dicho Tuñón de Lara, que los nombres de las carabelas pertenecían en realidad a tres lozanas andaluzas - la Pinta, la Niña y la Gallega - del puerto de Palos, con las que solazaban los hermanos Pinzón. La beatería trocó el nombre de la tercera en Santa Maria, pues era impensable que la nao capitana llevara el apodo de una prostituta. En contra de la explicación de Tuñón de Lara, uno de los historiadores recientes más sesudos, los paneles culturales me aclaran que esa nave había sido hecha en los astilleros gallegos, y el nombre que llevaba la de Colón era en realidad genérico. «Os modernos estaleiros de Ferrol e Vigo seguen hoxe a botar barcos para os mares do mundo». Carajo, me dije: cuán cierto es que uno no se puede fiar de nada ni de nadie. CC.?OO. me ha mentido: En el pasado luché contra el cierre de los astilleros. Me mintió mi amigo Fernando de León con su película Los lunes al sol , en la que narra las repercusiones humanas en la zona de Vigo y que tanto me conmovió, y hasta me pregunto por qué la televisión gallega ayudó a financiar este infundio. Los paneles me siguen desasnando. Para mí -y así creí haberlos apreciado en México junto con Celso Emilio Ferreiro y Méndez Ferrín-, Carlos Velo y Luis Soto fueron cofundadores de la Unión do Pobo Galego, uno de los grupos esenciales en nuestra tierra en la lucha contra el franquismo, y ahora en la composición del Bloque Nacionalista. No; como indican los carteles, Carlos Velo se limitó a ser, y no es poco, creador del documental español, sobre todo con Torero , y Luis Soto fue maestro, periodista y empresario, mucho más importantes para los realizadores de esta exposición. Sigo, paso a paso, oyendo músicas distintas en cada cuadro, como el paseante de Mussorgski. Grandeza de Galicia: el bisabuelo de Simón Bolívar por lo visto era de nuestra tierra; el argentino San Martín tuvo ascendientes galaicos aún más lejanos, y una de las abuelas de Luis Alberto Lacalle «era de orixe galega». Lo más sorprendente y jocoso es saber que cuando los curas eran castos, la madre y el padre del gran poeta peruano César Vallejo eran hijos de sacerdotes gallegos, de lo cual deduzco que si nuestros cregos no tuvieran tintes priscilianistas, la lengua del imperio se hubiese quedado sin uno de los vates más importantes del siglo pasado. Sin duda los organizadores de la exposición se enorgullecían de la galleguidad de «corsarios, piratas e negreiros», cuyo principal representante fue Benito Soto, cuyas hazañas bienvenidas serían ahora en Irak: «Víctimas das súas crueldades foron a fragata inglesa Morning Star e a norteamericana Topaz ». En esta galería de retratos figura también un personaje cuyo nombre no recuerdo ni ganas me dan, que por lo visto se convirtió en magnate de los transportes brasileños, de niño pobre y miserable que era cuando partió para Sudamérica. De este caso, más o menos ya sabía. Creo recordar que es buen amigo de Fraga, aunque no está dicho. Lo que hubiera sido útil, en exposición tan didáctica, es que nos explicaran cómo se puede llegar a ser amo de los transportes de Brasil sin aplicar los métodos de sus vecinos de panel -adaptados al siglo XX, por supuesto.