El problema se llama Israel

ENRIQUE CURIEL

OPINIÓN

17 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

COLIN POWELL, secretario de Estado de los EE.?UU., fue claro y terminante en el mensaje enviado a Bachar el Asad al recordarle que Siria debe de comprender «la nueva realidad» de la región tras la invasión de Irak. Y es que no podríamos comprender lo ocurrido si no divisamos que uno de los objetivos de la reorganización política impulsada por los halcones del Pentágono en Oriente Medio se refiere al establecimiento de una nueva correlación de fuerzas para facilitar una salida del conflicto israelo-palestino favoreciendo los intereses de Ariel Sharon y del partido Likud. Lejos quedan los resultados de la Conferencia de Madrid de 1991 y de los Acuerdos de Oslo de 1993 que abrieron una posibilidad cierta para resolver la herida de Palestina. Paul D. Wolfowitz, subsecretario de Defensa, y Richard Perle -influyente asesor del Pentágono y obligado a dimitir recientemente por tráfico de influencias-, representan al sector más radical de los grupos sionistas incrustados en la Administración Bush y que antes del final del mandato de Bill Clinton ya perfilaban, en documentos que circulaban por Washington, la actual estrategia. Aunque oficialmente la ilegal invasión de Irak se pretendió justificar por la necesidad de neutralizar las armas de destrucción masiva en poder de Sadam (?) y para poner fin al apoyo que se le prestaba al terrorismo, lo cierto es que se pretendía ocupar Irak para disponer de su petróleo y para reforzar la posición estratégica de Israel. Y lo han hecho. En consecuencia, se han encendido todas las alarmas al conocer las amenazas y las advertencias dirigidas a Siria desde Washington porque la tarea continúa. La reacción de los gobiernos europeos y de las opiniones públicas ha sido de tal contundencia que los tres de las Azores han tenido que dar marcha atrás momentáneamente. Como ha publicado el diario The Guardian , Bush ha decidido esperar hasta después de su posible reelección en el 2004 para llevar a la práctica los planes militares elaborados por William Luti y Doug Faith -subordinados de Donald Rumsfeld- para cambiar el régimen político sirio. El próximo 1 de septiembre comienza la carrera hacia la Casa Blanca y Bush no quiere repetir los errores de su padre, que le costaron la presidencia frente a un desconocido como Bill Clinton. Tampoco Aznar y Blair gozan de muy buena salud política y es preferible esperar. Pero Siria e Irán están en la lista. El objetivo es debilitar la posición negociadora de los palestinos. Powell ha repetido que el plan de paz elaborado por el cuarteto constituido por los EE.?UU., Rusia, la UE y el secretario general de la ONU será comunicada a las dos partes cuando Abu Mazen forme un gobierno aceptado por Arafat, lo que está resultando mucho más complicado de lo que sería de desear.