LA ERRADICACIÓN de la inseguridad creada por la guerra de Irak era una condición necesaria para el comienzo de una etapa de recuperación económica, decían muchos expertos, entre ellos los del Banco Mundial, poniendo la miel de la esperanza en los labios de todos. Pero, ahora que la guerra ha tenido lugar, empiezan a llegarnos reflexiones que, en el mejor de los casos, anuncian o justifican demoras más o menos largas, vinculadas al desequilibrio presupuestario estadounidense, a una previsible subida de los tipos de interés y a la permanencia de la incertidumbre, alimentada por la nueva teoría de la guerra preventiva contra el terrorismo internacional. Ni siquiera sigue en pie la seguridad de que el petróleo vaya a ser más barato. Sólo queda el consuelo de que, por el momento, el mundo cuenta con un tirano menos. Algo es algo. Todo lo cual nos lleva a considerar que, como ya se ha escrito, esta guerra ha sido una cruzada mesiánica de los neoconservadores estadounidenses contra una idea decadente de América y contra su propia abdicación del papel hegemónico (de pueblo elegido) en el mundo actual. Si se trataba de demostrar esto, la cuestión está más clara. Los perversos de todos los ejes del mal han podido ver lo que le pasa a quien juega con el diablo. A Sadam Husein no le importó ser demonizado tras el 11-S, pero lo pagó caro: cuando aparentemente se iba a plegar a las exigencias de los inspectores de la ONU, el tiempo ya se había acabado. Bush, convertido en el brazo armado de Dios, se encargó de que así fuese. Media América ha visto con asombro lo que Bush, elegido sólo por la otra media América, ha decidido en nombre del mundo: una guerra sin el respaldo del Consejo de Seguridad ni de la UE. ¿Cómo entender todo esto al margen de una interpretación estadounidense de la Biblia? ¿Cómo creer ahora en el peligro que representaba Irak? ¿Cómo no creer, por las mismas razones, en el que representan Siria, Corea del Norte o Irán? ¿De qué futuro de paz nos están hablando? ¿De qué recuperación económica? ¿Detrás de qué incertidumbre empieza?