Vae victis

| RAMÓN PERNAS |

OPINIÓN

EN EL DÍA de hoy, cautivo y desarmado el ejército iraquí, la guerra ha terminado. Bagdad, a tantos de abril de dos mil tres. Ha comenzado a concluir una guerra que nunca debía de haberse iniciado. Lo peor, lo más duro de las guerras es siempre la posguerra, el reparto aleatorio de dolor y miseria, el ay de los vencidos, el vae victis que en un conflicto bélico de estas características es un grito mayoritario y colectivo. Hay a ambos lados del Éufrates, en las dos orillas del Tigris, una geografía de viudas y de huérfanos, un mapa de odios que va a ser muy difícil de olvidar. Destruir para reconstruir es un ejercicio que una mentalidad escolástica difícilmente puede justificarlo.Esta primera gran guerra del siglo ha abierto demasiados frentes y heridas, ha fracturado a una importante parte de la sociedad occidental, ha conseguido un efecto movilizador entre las capas urbanas más jóvenes, ha propiciado que se abra un nuevo debate acerca de los límites del ejercicio democrático y de todos sus déficits más o menos estructurales. Sin entrar en las razones que intentan sostener, desde posiciones geopolíticas cuando menos dudosas, un discurso alambicado, los que hemos decidido posicionarnos al lado de las gentes sencillas y de un argumentario básico centrado en las emociones y los sentimientos, hemos sido acusados de pacifistas en un estúpido tono peyorativo equivalente a tonto útil, y aún más de estar haciendo el juego -Dios nos librara- al tirano Sadam Huseín .Al fin y al cabo lo que nos sucede a nosotros tiene remedio, insultos incluidos; lo que no lo tiene es la muerte de millares de iraquíes víctimas civiles o militares que en ningún caso querían una -otra- nueva guerra en su país. Han sido en pocos años tres grandes conflictos que han diezmado una población que ya ha alcanzado todas las cuotas posibles de sufrimiento.En nuestros corazones y en nuestro cerebro esta guerra nos va a seguir golpeando durante mucho tiempo. Es más, estoy persuadido con profunda convicción de que esta guerra ha cambiado al mundo, parodiando a Red, y que ya nada, al menos en Occidente, volverá a ser como antes.La primera bomba inteligente, el último misil, todas las ráfagas del fuego amigo, los obuses que partieron el corazón de Anguita y de Couso, fueron disparados contra todos nosotros, contra los que militamos en la libertad de conciencia, contra quienes hemos hecho de la opinión un baluarte crítico e independiente, en contra de los que sabemos que no cabe razón alguna en el discurso de la sinrazón.Por ello, por todo ello, por todas las líneas escritas en todas las crónicas de estos meses, nos condolemos y hacemos nuestro el clásico ay de los vencidos, el vae victis de todos aquellos que silenció la metralla, de todos aquellos que sufren dolor en sus carnes, y de los que quedan aguardando que la piedad y el olvido cauterice todas las heridas que abrió una guerra.