Semana de pasión


MELKART, la deidad a la que estaba consagrado el antiguo templo gaditano, unos mil años antes de Cristo, era uno de esos dioses orientales como Adonis, Osiris o Attis, que tras sufrir pasión y muerte tuvo su resurrección. El rey Hiram I, en el siglo X antes de Cristo, instituyó una fiesta para celebrar el renacimiento de Melkart, que se celebraba coincidiendo con los primeros atisbos del brote vegetal, con la aparición de la primavera. Melkart aparece como un dios redentor, salvador, a través de su propia muerte y resurrección ligada al fuego y al culto solar. En la antigüedad el año principiaba con la llegada de la primavera, hacia la luna de marzo, se celebraba la resurrección física del sol tras su desaparición invernal. Durante el paganismo, las celebraciones primaverales adoptaban diversas modalidades que incluían también procesiones en honor de la deidad sacrificada o de la gran diosa madre.Más allá de sus distintas variantes históricas concretas, la Semana Santa forma parte del culto solar, está ligada a la primavera, el fuego, que es una especie de hijo del sol. En el caso del cristianismo, heredero del antiguo culto solar del paganismo, la Semana Santa se asocia a la luna y al sol. Así, el domingo de resurrección se determina por el primer domingo siguiente al primer plenilunio tras el equinoccio de primavera.Ya no queda nada del antiguo templo gaditano, pero, sea como sea, la peripecia histórica vital y la explicación teológica que acompañe al fenómeno astronómico siempre renovado, es momento propicio para que las personas de buena voluntad acomoden sus sentimientos al propio renacer solar, que si parece destinado a la muerte, no puede perder la esperanza de luchar contra ella temporalmente. Porque sólo esa esperanza renovada nos permitirá afrontar la barbarie presente y la que viene.

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