La triste historia de siempre

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

11 abr 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

SI LA GUERRA de Irak fuese una película, sería el momento de casar al valiente y rubio marine con la dulce iraquí de los ojos negros, antes de sobreescribir el the end sobre un escenario de muerte velado por el humo de mil fuegos. Sólo así podríamos salir del cine pensando en que la vida sigue, y que, soñando con su granja cerca de Basora, los dos jóvenes están dispuestos a criar muchos niños, a ser tolerantes con todas las culturas y religiones y a levantar una nación próspera y libre. Pero esta guerra no es de película, y, sobre los evidentes indicios de que va a convertirse en una pesadilla interminable, las únicas escenas que nos ofrece son las del pillaje y el odio, las del caos y la muerte, las de la opulencia y la miseria, y las de vencedores y vencidos. La trágica verdad es que los iraquíes salieron de la tiranía para entrar en el abismo, y, mientras los argumentos de la invasión se convierten en una burla macabra, todo apunta a que el futuro de la nación va a quedar en manos de líderes tribales, de soldados de fortuna, de una caterva de ejecutivos occidentales que buscan negocios y petróleo, y de un gobierno provisional que quiere tomarse la revancha por las oportunidades del poder perdido.La alternativa era una transición auspiciada y gobernada por la ONU, que, después de cincuenta años de experiencia, ya debería saber como se hace para desbancar a un tirano a golpes de democracia y desarrollo, sin que todo dependa de las bombas que arrasan lo que luego no sabemos ni podemos reconstruir. Frente a la idea de una liberación brillante y generosa, la huella de las guerras se puede rastrear en las tremendas situaciones generadas en Vietnam, Corea, Afganistán, Serbia e Irak, donde se han creado los dramáticos vacíos de poder que luego rellenan las dictaduras. Y frente a la falsa democratización regalada a naciones previamente arruinadas, se alzan también las dramáticas experiencias de Argelia, Irán y media África.La democracia es algo más complejo que la eliminación de un tirano. La paz no se reconoce en un gobierno títere impuesto por las armas y con las alas cortadas. La nación que se destruye en veinte días no se reconstruye en veinte años. Y la imagen de los invasores que arrasan el país nunca es vista con buenos ojos por los que están condenados a ir desde Guatemala hacia guatepeor . Y eso hace que la razón se incline otra vez de parte de Chirac. Porque sólo es liberación lo que se hace con la ley en la mano, el pluralismo en la cabeza y el progreso material empujando las voluntades. No como en Irak, donde se burla la ley, se institucionaliza la rapiña y se exhibe la fuerza de un imperio único e insaciable.