ALGÚN DÍA habrá que estudiar el papel de la arrogancia en la etapa prebélica de la contienda de Irak. La arrogancia de George Bush al presionar descaradamente a los miembros del Consejo de Seguridad para que apoyasen una declaración de guerra a la medida de su imperial capricho. La arrogancia de Jacques Chirac al envolverse en la bandera del pacifismo mundial y encabezar el antiamericanismo de mayor calibre identificando a Bush con EE.?UU. La arrogancia de Schröder, más comprensible, pero no menos desdeñosa respecto de los afanes de la Administración norteamericana. La arrogancia de Tony Blair, quizá la más disculpable, basada en el ingenuo principio de que su convicción era inevitablemente contagiosa, sobre todo al contar con el respaldo estadounidense. La arrogancia de Sadam, absurda y suicida. Y otras arrogancias incomprensibles y más próximas. Pero la guerra empezó y las tropas angloamericanas están ya en Bagdad. Y el lenguaje ha cambiado, para empezar a acoger el sentido común. ¿Por qué Villepin y Powell no se vieron hasta el pasado viernes? Es un misterio que repugna a la inteligencia. ¿Por qué ha tardado tanto Chirac en distanciarse de un antiamericanismo que en un 25% se confesaba más proclive a Sadam que a Bush? ¿En qué coqueteos populistas andaba el presidente francés? ¿Qué extraña cuerda quería tensar?El mismo Chirac que ahora pide el reencuentro de todos bajo el paraguas de la ONU. El mismo Bush que, después de orillar al Consejo de Seguridad, ahora recela de una Cámara de Representantes que excluye a Francia, Alemania, Rusia y Siria de recibir fondos para la reconstrucción. El mismo Schröder y el mismo Putin que muestran actitudes más conciliadoras. Y el mismo Blair que, a punto de reunirse con Bush, ha recuperado su discurso atlantista para convocar a europeos y americanos a defender la posición común que nunca debieron abandonar (y que él abandonó contra gusto, arrastrado por el ciclón unilateralista estadounidense). La desaparición de tantas arrogancias significará, sin duda, un gran paso en el buen camino.