PREOCUPABA que la disparatada postura de Aznar ante la crisis iraquí no encontrara disidencia entre los dirigentes del partido. Consumada la agresión militar, algunos han roto el cerco de silencio decretado por las lealtades paniaguadas. Aunque anunciada, tiene relevancia la baja como afiliado del ex ministro Pimentel. En la cartera de Trabajo le granjearon justo crédito su humanidad en la acogida de los inmigrantes y su comprensión del mundo laboral. Abandonado por su Gobierno en el trámite parlamentario de la Ley de Extranjería, supo salir del desaire con elegancia y denunciar sin rencor la deriva autoritaria de los suyos. Pierde la cosa pública cuando un político bien dotado la deja sin haber rematado la faena.Más impacto han causado las impecables declaraciones de Félix Pastor Ridruejo, personalidad del grupo de fundadores del PP y miembro del Comité Ejecutivo, mentor además del actual presidente. Sus argumentos coinciden en sustancia con los de otros opositores a la guerra, pero ganan peso por la serena denuncia del abandono de los principios fundacionales y del desprecio de la voluntad del electorado. Esta vez Arenas Bocanegra no pudo tachar al discrepante de compañero de viaje de Sadam Huseín ni invitarlo a salirse. Habrá sorprendido a muchos y agradado a no pocos el radiofónico desahogo de conciencia de nuestro ex conselleiro don Dositeo Rodríguez, más encomiable porque puede entrañar riesgos para sus aspiraciones municipales. No quieran los votantes castigar tan esforzado ejercicio de independencia de criterio. Estos gestos desinteresados contribuyen a dignificar la política, cuyo fracaso mayor es la guerra. Y a salvar la decencia de la militancia popular, puesta en entredicho por las ínfulas de su azorado líder.