LEONARDO da Vinci diseñó sobre el papel un fantástico ingenio volador que vino en dar en un fiasco, pues condujo a su criado a acabar descalabrado en el fondo de un barranco. Y es que -¡incluso para Leonardo!- una cosa es pintar planos y otra llevarlos a la práctica. Nadie me acusará, seguro, de sectario si afirmo de modo radical que la distancia existente entre el genio del autor La Gioconda y el de cualquier dirigente del PP es sencillamente sideral. Ello no ha librado, sin embargo, a Aznar del gran pecado de soberbia que supone concebir un plan sobre el papel con la certeza irresponsable y vanidosa de pensar que la realidad se ajustará a él como se ajusta un guante a la mano que lo viste.El plan consistía, ensencialmente, en lo siguiente: ponerse, más rápido que nadie, al lado de los que pronto ganarían la guerra contra Irak, con la certeza de que los angloamericanos serían capaces, antes del comienzo de la misma, de doblar la voluntad de la ONU y de quienes se mostraban más remisos a aceptar la estrategia de los halcones del Pentágono: franceses y alemanes. Resuelta la legalidad de la invasión, la campaña sería apenas un paseo, con costes militares y efectos colaterales reducidos, que permitirá una gran victoria sobre la dictadura de Sadam con mucha antelación a la fecha prevista para las elecciones municipales y autonómicas, a las que el PP se presentaría como el aliado privilegiado de la coalición mundial que con la derrota de Sadam mataba, además de un pajarraco, dos pájaros de un tiro: liberaría a los iraquíes de una inicua dictadura y contribuiría a cortar en seco una carrera de armamentos que amenazaba la estabilidad de la zona y, con ella, la del mundo.Pero, al igual que el pájaro volador dibujado por Leonardo, ese plan, perfecto según quienes lo habían ideado, ha acabado por estrellarse contra el suelo de la dura realidad: ni la ONU dio su brazo a torcer, ni se constituyó una gran coalición como la de la Guerra del Golfo del 91, ni las operaciones militares han avanzado según las previsiones, ni las imágenes que nos llegan de Basora o Nasiriya dan la impresión de que los ejércitos angloamericanos lo sean de liberación y no de ocupación.Resultado del fiasco: que la guerra que, según los estrategas del PP, debía haber terminado cuando se convocasen elecciones, se encuentra en sus comienzos. Lo que hace presagiar que aquellas se celebrarán con las bombas cayendo sobre Irak. Ello será malo, muy malo, para el Partido Popular. Y malo también a largo plazo para el conjunto del país, aunque algunos puedan sacar a corto beneficios electorales de esa desastrosa coincidencia.