EN LA ANTIGUA Roma, un buen día, en el circo, los cristianos se comieron a los leones. El hecho causó gran perplejidad. Pero luego se supo que, en realidad, se trataba de democratacristianos, y ya nadie se extrañó. Este chascarrillo se contaba profusamente en los tiempos de la descomposición de UCD, cuando se erosionaba el liderazgo de Suárez, aparecían por todas partes Jóvenes Turcos y los cenáculos se llenaban de críticos. Estas dentelladas suelen ser peligrosas para los partidos, porque siempre se ligan a más o menos difusos principios irrenunciables y sus heridas, abierta la vena crítica, suelen infectarse. En realidad, «el libro de las horas» de las crisis partidarias está escrito hace mucho tiempo y, si el lector tiene buena memoria histórica, sabrá perfectamente qué página viene tras la 47, y así hasta el final. En el PP hay mucha gente procedente de UCD que, por tanto, debiera estar muy puesta en estas cosas. Y seguro que lo están, aunque al parecer no tanto como para no volver a tropezar en el mismo ridruejo.