¿Dónde está Aznar?

| ANXO GUERREIRO |

OPINIÓN

26 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ESTA SEMANA se reúnen en Camp David el presidente Bush y el primer ministro del Reino Unido, Tony Blair. En dicho encuentro se van a discutir temas transcendentales que afectan a la configuración de un nuevo orden mundial, tales como el futuro de Oriente Próximo o las relaciones entre EE.?UU. y Europa. ¿Dónde está Aznar? ¿Qué ha sido del nuevo Yalta, como rimbombantemente había sido bautizada la sediciosa cumbre de Azores? Sólo sus desvaríos y delirios de grandeza pueden haber hecho creer al presidente del Gobierno que podía jugar un papel protagonista en el nuevo orden internacional que, bajo su hegemonía y en función de sus exclusivos intereses, diseña la administración republicana de EE.?UU.Al carecer España de la fuerza económica y militar necesarias para poder ejercer como sujeto político global, la opción tomada por Aznar sólo podía conducir, como ha ocurrido, a la plena subordinación de nuestro país a la política norteamericana. El efímero protagonismo de Aznar sólo ha existido en función de los intereses inmediatos de EE.?UU. En efecto, Aznar ha salido en la foto cuando Bush, aislado en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, necesitaba todo el apoyo disponible para respaldar su acción militar unilateral en Irak. El presidente del Gobierno también ha sido utilizado para presionar a los países latinoamericanos del Consejo y, sobre todo, para promover la división y el consiguiente debilitamiento de la Unión Europea. Una vez cumplida su triste misión, Aznar ha sido relegado a un segundo plano, del que sólo saldrá cuando de nuevo lo demanden las necesidades y los intereses norteamericanos.Distanciada de América Latina, perdiendo influencia en el mundo árabe y enfrentada a los países que quieren construir una Europa autónoma, ¿cuál es el papel de España en el concierto internacional? El Gobierno seguramente responderá con una de las excéntricas explicaciones a las que últimamente nos tiene acostumbrados. Al patrocinar una guerra al margen de la ONU, suplantando a ésta, el presidente del Gobierno no sólo ha situado a España al margen de la legalidad internacional, sino que ha reducido a nuestro país a un papel irrelevante.Así las cosas, no puede extrañar que cada día aumente el número de ciudadanos que consideran a Aznar un problema para nuestra convivencia y un obstáculo para la defensa de nuestros intereses nacionales. Tras las masivas manifestaciones de rechazo a la política del Gobierno, sólo las urnas pueden resolver este peligroso embrollo.