Otras guerras, de andar por casa

ARTURO LEZCANO

OPINIÓN

ES LA guerra, y por lo tanto deberíamos recibir más madera, como decía Marx, es decir, Groucho Marx. Y no crean que se trata de una frivolidad improcedente. La sorpresa, relativa subjetivamente, es el silencio. Al Amigo del Lector no se le ha remitido ni un solo correo a propósito de la guerra Bush-Husein. Ni uno. Esto ¿qué quiere decir? ¿Que la gente está ya cansada del conflicto? ¿Que una cosa es el «Prestige» ribereño y otra muy distinta el Golfo Pérsico? ¿Que habrá tiempo y tiempo, a ver cómo se desarrollan los enfrentamientos en el escenario bélico?En cualquier caso estamos desconcertados. Esperábamos una avalancha de puntos de vista y, si hemos de creer a las estadísticas, mayoritariamente contra la guerra. Habrá que esperar.¿O será que la supuesta bipolaridad «Imperio»-Opinión Pública no resiste la confrontación con la realidad?Decía Napoleón, hace dos siglos, cuando lo prevenían de los ánimos adversos de la opinión pública: «Dadme 24 horas y me río yo de la opinión pública». Y eso lo afirmaba cuando apenas había, por no haber, prensa. Imagínense qué pensará quien sea en los tiempos de la televisión, la cibernavegación y así.Tenemos, ciertamente, a la vista una carta electrónica que comienza con un «La guerra ha comenzado». Pero Xurxo Ferreiro, de A Coruña, habla de una guerra muy distinta, aparentemente.«Con esta afirmación, refiere, pretendo denunciar el acoso que, por parte de los cuerpos de Seguridad del Estado (...) estamos sufriendo ciudadanos, unos españoles y otros no, cuyo único delito es pertenecer a otra raza. Soy español de nacimiento, hijo de española y de un ciudadano extranjero, jamás he estado relacionado con una actividad delictiva y mi aspecto y vestimenta son convencionales (...) Mi vida y mis raíces están en España y me abochorna tremendamente tener que hacer apología de mi españolidad para hacer frente a los abusos de la policía. Podríamos decir que casi a diario me someten a identificaciones en un tono bastante irrespetuoso y grosero, en lugares apartados de la circulación. Ciertamente cuando descubren que no soy marroquí, iraquí, afgano o súbdito de cualquier otro Estado sospechoso, cambian de actitud impresionados de que, con mi fisonomía, sea nacido en una aldea gallega (nacido en la misma cama de la casa donde nacieron muchos de mis antepasados también gallegos). Imagínense ahora cómo será el trato para el ciudadano extranjero que al abrigo de una ley de extranjería racista y restrictiva, viene a trabajar a este país (...) Desde este foro que me proporciona su sección pido que se detengan los bombardeos contra la dignidad de las personas. No a la guerra».No está nada mal esta carta, aunque en principio parezca ajena a los masivos bombardeos entre el Éufrates y el Tigris.Que cada uno saque sus conclusiones y vea si no estamos perdiéndonos en un laberinto de paranoias.No a la injusticia.