MAQUIAVELO aseguraba que una guerra es justa cuando es necesaria, sin darle más vueltas. Y mira por donde en el Gobierno estadounidense le han salido unos discípulos muy aventajados: el presidente Bush, el vicepresidente Cheney y los ya célebres halcones Rumsfeld, Paul Wolfowitz y Richard Perle, todos ellos con puestos de mando en los departamentos de Defensa del imperio. Una auténtica elite del belicismo mundial que, con su teoría de la guerra preventiva, ha dejado a su osado maestro Maquiavelo convertido en un babeante niño de pecho. No se trata de monstruos sanguinarios, como los pintan algunos; ni de cobardes porque supieron librarse de ir a Vietnam. No. Son seres normales (o casi) que creen en la responsabilidad histórica de un país hegemónico, el suyo, con una superioridad bélica sin precedentes. Y su primera conclusión es religiosamente impecable: Dios no puede haber hecho tal maravilla para que el mundo continúe como está. El Creador le ha otorgado este poder a su nación para que obre en consecuencia y el Bien a la americana impere sobre el Mal. EE.UU. sería culpable si no cumpliese este mandato. Para ellos, Irak es sólo el principio... Y Maquiavelo, un tímido antepasado, casi un pacifista.