Una guerra que empezó por la ventana

| JOSÉ JAVALOYES |

OPINIÓN

20 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ERAN OTROS los plazos horarios para el comienzo de las hostilidades en Irak, pero la guerra se ha colado literalmente por la ventana; o sea, por eso que los analistas llaman una «ventana de oportunidad». Creyeron tener los servicios de Inteligencia norteamericanos al mismísimo Sadam en el visor, y Bush apretó el gatillo. Apurado el plazo de 48 horas, el émulo de Saladino pasó de objeto/sujeto de exilio a pieza planetaria de caza. Tras de las docenas de impactos en el noroeste de Bagdad, arden las cancillerías de los Estados que se oponen a la guerra; se agitan las masas populares, como en los tiempos casi remotos de la Guerra de Vietnam. Promete ser muy agitado, y acaso doloroso, el parto del nuevo orden internacional, incoado con la caída del Muro de Berlín y acelerado con los atentados terroristas del 11-S. La Guerra de Afganistán pudo ser la lucha contra un terrorismo -del integrismo islámico- que se había apoderado de un rudimento de Estado; la guerra de Irak ya es otra cosa. Carece de las calidades policiales de la primera y entra de lleno en la definición y establecimiento de la nueva estructura de relaciones de poder y equilibrios de iniciativas y fuerzas. Irak pesa decisivamente, más allá de las razones y de los pretextos. Está en las fuentes del petróleo y es la turbina mayor que tuvo nunca el nacionalismo árabe. Arbitraba -desde su riqueza petrolífera- en los debates de la hiperpotencia americana y las demás, en Europa y Asia: algo incompatible con el esquema de relación global que tiene prefigurada esta Casa Blanca. De puertas adentro, en España, el Gobierno de Aznar apuesta en términos opuestos al resto de los partidos. En la ruleta, no va más; la suerte está echada. Y en Bruselas, por riguroso turno, gimen el consenso europeo y la cohesión atlántica, en busca de otro destino tras de la desaparición de la URSS y la eclosión planetaria del terrorismo.