SIEMPRE me dejó incómodo la historia, no sé por quién reinventada, de los hombres de la época primitiva que, cuando empezó a lloviznar, dijeron aquello de «este año va a haber buena cosecha», cuando lo que ocurría es que estaba empezando el Diluvio universal. Por lo que tiene de ingenuidad frustrada en boca del afanoso agricultor, supongo. Y no digo yo que Bush peque precisamente de ingenuidad, pero sí de la fatua e insensata prepotencia de querer imponer por la fuerza un Imperio universal a su servicio, aún a riesgo de desencadenar un diluvio también universal. Porque si Europa trata de existir como tal, quien no tiene dudas de su existencia, por encima de cobardías circunstanciales o tácticas, es el mundo islámico, unido con Irak por nudos indisolubles que ningún Alejandro redivivo va a cortar de un tajo. La jugada está echada y a ella nos han llevado unos políticos audaces y codiciosos, pagados de sí mismos. Pero, ¿habrá cosecha o más bien diluvio anegador? To be continued.