El contubernio de la isla Terceira

| XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS |

OPINIÓN

16 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

TONY BLAIR, que parecía un demócrata, está empeñado en demostrar que Chirac es un intransigente, porque, a fuerza de hablar de paz, impide el curso normal de la guerra. Aznar, que juega a ser gran potencia -¡igual que Bulgaria!- por un azar de la historia, insiste en decir que la resolución 1441 sirve para todo y para nada, y que ni él ni sus dos aliados van a tolerar que el mal se adueñe del mundo. Bush, que sueña con un «Reich» americano de mil años, no deja de recordar que tiene el ejército más poderoso del mundo, que no necesita permiso de nadie para defender los intereses de América, y que la ONU sólo sirve para algo si se pliega a sus designios. Y hasta Durâo Barroso, que actuó de jefe de camareros, se permitió adelantar que el contubernio de Azores no es más que una ceremonia inaugural del conflicto. Mientras, presididos por un dictador, y rodeados por un impresionante ejército armado con el poder de destrucción masiva más grande de la historia, millones de iraquíes se pasaron la tarde de ayer cavando trincheras en sus huertos, llenando sacos terreros y acumulando botellas de agua, como si quisiesen dejarnos muy claro cuál es el tipo de guerra que pueden hacer y en qué consisten sus temibles arsenales.Para que nadie se lleve a engaño, el propio George Bush rubricó en Washington, antes de viajar a las Azores, lo que va a ser la pax americana : un Gobierno provisional dirigido desde el Pentágono, que será el encargado de pagar, a base de petróleo, todos los gastos de la guerra y la reconstrucción de Irak, además de aceptar sin rechistar la enorme factura que van a pagar los iraquíes por la felicidad que les vamos a imponer. El proyecto contempla también la eliminación del dinar iraquí y su sustitución por el dólar, además de impulsar un sistema mediático que monopolice las informaciones de una guerra que debe ser presentada como una limpia operación al servicio de la libertad. Finalmente, para que nada falte, el territorio iraquí deberá albergar las bases americanas que son necesarias para garantizar el nuevo orden diseñado para el Medio Oriente.En resumen, que ellos harán lo que les venga en gana, y que la ONU se juega su futuro, hoy mismo, si no pone un ultimátum al gusto de los tres misileros que, en contra de sus pueblos y de la mayoría de los países, se han erigido en intérpretes y ejecutores de la voluntad internacional. ¿Y por qué lo hacen así? Porque están seguros de que nunca les vamos a pasar la factura que merece esta deleznable forma de defender nuestros intereses. Y porque saben cuál es el talón de Aquiles de los manifestantes: que nunca sabemos defender en las urnas lo que ahora gritamos en la calle.