SI YO FUERA militante de una organización feminista eligiría para el póster de mis próximas campañas la foto de tres mujeres: Pilar Ruiz, Garbiñe Garmendia y Maite Pagazaurtundua, madre, viuda y hermana, respectivamente, de Joseba Pagazaurtundua. La madre que parió a Joseba Pagazaurtundua, la mujer que se casó con él y le dio dos hijos y la hermana con la que compartió ilusiones y militancias en el PSE-PSOE y en ¡Basta Ya! simbolizan no sólo lo mejor del País Vasco, también posiblemente lo más cabal de las mujeres que hay en España. Me llama la atención cómo ni una sola de las organizaciones feministas que hay en España, cómo ni una sola de las decenas de colectivos en defensa de los derechos de la mujer que trabajan en nuestro país, cómo ninguna parlamentaria progresista, ha salido en defensa de estas tres mujeres; cómo no han dicho ni una sola palabra en respuesta a las declaraciones machistas, profundamente reaccionarias, despectivas y clasistas perpetradas por el máximo dirigente del PNV, Xabier Arzalluz.Esa forma de escupir palabras, tan propia del gran timonel cuando dijo, lleno de desprecio, «esta pobre mujer, a la que le han escrito lo que tenía que decir», debía de haber espoleado las reacciones de tantas mujeres que hacen de su vida diaria una forma de militancia por mejorar las condiciones de vida de la mujer y por acabar con la situación de discriminación que padecen muchas mujeres, entre ellas la madre del asesinado, respecto de los hombres. Ni siquiera la cercanía de la fecha del 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, ha servido como percha pintiparada para colocar una declaración que incluyera una denuncia de la agresión, o, como mínimo, un apoyo a la reacción de Pilar.La madre del asesinado tiene la calidad humana suficiente para enfrentarse al asesinato de su hijo con un temple, con una claridad de ideas y con una tenacidad, realmente encomiables. Sus demoledoras palabras en réplica a Arzalluz, cuando dijo «no ha nacido todavía nadie que me diga a mi lo que tengo que escribir», y retándole a tener con ella un debate en cualquier televisión, son todo un alegato en favor de la consideración de la mujer como lo que en realidad es: un ser capaz de jugar de tú a tú -y en este caso, como en otros, con notable superioridad-, contra un hombre, por muy ducho que éste esté, que lo está, en decir animaladas y en hablar ante los medios de comunicación, siempre con ese deje de chulería y prepotencia profundamente machista, irreparablemente carca.Una madre de más de setenta años no está entrenada en que le asesinen a los hijos, no sabe por tanto qué es lo que hay que hacer en estos casos, tampoco está habituada a hablar ante los medios de comunicación, menos aún con el dolor hirviendo. Pilar decidió escribirse lo que iba a decir en un papel y eso ha salvado a Arzalluz de recibir más estopa. Porque las críticas de Pilar son fáciles de entender, se basan en la falta de piedad, se fundan en la falta de compasión que la dirección de los nacionalistas -políticos con corazón de hielo- han exhibido tras el brutal asesinato de un vasco. No es fácil actualizar el dolor después de un crimen, como se ven obligadas a hacer estas tres mujeres cada vez que salen a la palestra, y encima mantenerse íntegras. Miren, por ejemplo, la madre del guardia civil asesinado en diciembre en Madrid, poniendo también el dedo en la llaga de los culpables, pero lógicamente desarbolada por el dolor. Pero es que en el guión del régimen nacionalista no esta previsto que los familiares de las victimas se subleven; tienen derecho a llorar un ratito, pero no a hacer análisis políticos y mucho menos si en ellos ponen a los nacionalistas del PNV en su sitio.La madre de Joseba Pagazaurtundua ha denunciado, además de otras muchas cosas, una agresión machista y lo ha hecho con el valor añadido de tener un hijo recién asesinado. Las tres mujeres han hecho desde el ocho de febrero, día del crimen, un despliegue de entereza, de dignidad, de capacidad para poner en pie un discurso inédito, que resulta conmovedor. Las decenas de colectivos de mujeres que existen en España, deben de estar orgullosas de contar entre las suyas con personas de esa valía. Lo que han hecho estas tres mujeres abre una vía para otras víctimas del terrorismo y marca también un camino para las miles de mujeres que en España sufren cada día el maltrato de las palabras (por no hablar de otros peores), el maltrato de las expresiones cargadas de odio, de desprecio, de machismo; la agresión de frases que establecen que una mujer, por el hecho de ser tal, tiene que ser pobre, pobre intelectualmente, tiene que ser incapaz de hilvanar dos palabras seguidas y está negada para la dignidad, un estadio que el insultador de la mandíbula mussoliniana desconoce.