Valentía y cobardía

ALFONSO DE LA VEGA

OPINIÓN

EL RECTOR mini-magnífico de la Universidad de Barcelona ha prohibido la celebración en su Aula Magna de la programada conferencia de la profesora Mora, miembro del Foro de Ermúa. No es la primera vez que en ese otrora sagrado recinto el fanatismo nacionalista, en la senda iniciada en la Salamanca de 1936 por Millán Astray, ha montado grescas de taberna. Ya ocurrió con los abucheos, provocaciones e intentos de muy democrático linchamiento sufridos por Juaristi, Vidal-Cuadras o Savater. La diferencia es que en las universidades nacionalistas no parecen existir Unamunos que defiendan a la institución contra la violencia, la barbarie y la sinrazón, ya que se intenta vencer, gracias a la fuerza bruta, pero no convencer. Y para convencer hacen faltan razones y argumentos pero no gritos, insultos ni consignas. Nuevamente, como en el caso de las antígonas vascas, ha sido una mujer quien acaba de darnos un ejemplo de coraje y valentía. Ana Botella, con ocasión de un acto homenaje a la mujer trabajadora en Leganés, ha sufrido el acoso de un grupo de manifestantes opuestos a la guerra de Irak, y en vez de arredrarse, y salir corriendo como el rector barcelonés, se ha parado a intentar dialogar con ellos. Más allá de los motivos que pueda tener su José María para apoyar la postura norteamericana, siempre discutibles, debe glosarse su intento de convencer a los increpadores. Sin embargo, la multitud, el hombre rebaño, no suele atender a argumentos. No es la razón quien mueve sus conductas sino la consigna, y cuanto más simple y tergiversadora, más efectiva. Pero algo va mal en las zurdas españolas cuando renuncian al uso de la Palabra y dejan que sean sus adversarios políticos los que intenten argumentar y convencer. Esa Palabra que, decían, era su principal patrimonio.