Un par de «cracks»

| LUIS VENTOSO |

OPINIÓN

EL PLANTE contra la guerra de Irak (una causa justa) cuenta con dos visibles paladines: Jaques Chirac, el presidente neogaullista de Francia, de 70 años; y Gerhard Schröeder, el canciller socialista de Alemania, de 58 años. Envueltos en la siempre hermosa bandera del pacifismo, estos beneméritos varones imparten lecciones morales al planeta. Un hermoso colofón para dos encomiables trayectorias. Veamos: En su primera legislatura, una de las principales ocupaciones de Chirac fue esquivar los tribunales, donde querían pedirle cuentas por casos de favoritismo y comisiones ilegales. A Chirac se le acusó también de fumarse en viajes privados dineros procedentes del erario público. Su excusa es digna de enmarcarse: alegó que se trataba de «fondos reservados sobrantes» de su época de primer ministro.Chirac ha sido definido en su país como «el político que le cuenta a los votantes aquello que quieren oír en cada momento». Enfangado en la corrupción, se ha encontrado de rebote con una holgadísima mayoría por ser el mal menor contra el repugnante Le Pen.Schröeder también estaba abocado a perder. Le salvó in extremis un gesto populista: calzarse las catiuscas y visitar las zonas inundadas en verano. Una vez instalado otra vez en Berlín, se supo que había ocultado a sus ciudadanos un déficit público de 34.600 millones de euros, un agujero negro que sitúa a la enorme Alemania al borde del colapso económico.Resumen: de cómo el «no a la guerra» puede convertir a un trapalleiro en un héroe.