UNA CRÓNICA me manda hacer la actualidad, y en mi vida me he visto en tal aprieto. En París, la guerra de la que se habla no es la de Irak sino la que acaba de empezar contra el diario Le Monde (400.000 ejemplares), el más influyente de Francia y considerado, hasta ahora, como uno de los más serios del mundo. Yo escribo regularmente en ese periódico y he de remitirme a los hechos, sin quitar ni poner, ni ayudar a mi señor. El ataque principal lo lleva a cabo un libro feroz de 630 páginas, escrito por Pierre Péan y Philippe Cohen titulado La face cachée du Monde (La cara oculta de Le Monde ). En apenas una semana se han vendido ¡más de 200.000 ejemplares! Un fenómeno editorial inédito que da idea de la formidable conmoción provocada. Por la importancia de sus revelaciones, el libro está produciendo un verdadero sismo en el mundo del periodismo francés y probablemente tendrá consecuencias en el conjunto del periodismo mundial. Escrito por dos profesionales respetados (Pierre Péan, de 63 años, está considerado por unanimidad como el mejor periodista de investigación francés), La cara oculta de Le Monde acumula pruebas para demostrar que los tres dirigentes actuales del diario -Jean Marie Colombani, director, Edwy Plenel, redactor jefe, y Alain Minc, presidente del consejo de administración- se hicieron con el poder en 1994 mediante un verdadero golpe de estado interno.Una vez en el poder, este «trío infernal» -como dicen los autores- va a controlar con mano férrea una redacción reputada por su autonomía. Péan y Cohen describen cómo, mediante despidos, sanciones, desplazamientos y amenazas, Edwy Plenel, un ex aparat-chik trotskista, consiguió domesticar a los redactores, y cómo, cautelosa, progresivamente, modificó las reglas de nombramiento del director. Los autores revelan el modo en que Plenel, que se presenta en Francia como el parangón del periodista de investigación, estuvo ligado, a principios de los años 1990, a un sindicato de policía para el que trabajaba (y del que cobraba) escribiendo los discursos del secretario general, y al mismo tiempo escribía en Le Monde artículos elogiosos sobre los discursos de ese sindicalista que él mismo había redactado...También los autores revelan el doble comportamiento de Jean-Marie Colombani quien -aparte de haber declarado que «somos todos americanos»-, como editorialista denunció con una total radicalidad la existencia en Francia de diarios gratuitos, mientras que, al mismo tiempo, negociaba en secreto con los dueños para entrar en el capital de la empresa editora de esos diarios. También demuestran los autores que Colombani, después de haber hecho campaña ante el primer ministro socialista Jospin para obtener unas subvenciones en favor del organismo (NMPP) encargado de la difusión de la prensa diaria (que beneficiaba sobre todo a Le Monde) le facturó a éste su mediación por un millón de euros. El libro está lleno de revelaciones de este tipo y muchas más sobre cómo el periódico ha sido utilizado para amenazar o tratar de destruir la respetabilidad de dirigentes políticos que ahora, por todas partes, exigen explicaciones al diario.Las que han dado hasta ahora son evasivas y poco convincentes. En España sin embargo, el diario El País, ligado a Le Monde por una serie de objetivos empresariales, ha reproducido con gran complicidad estas explicaciones sin informar nunca a sus lectores de cuáles son los reproches esgrimidos por Péan y Cohen. Omite, por ejemplo, que entre estos reproches figura la acusación de que el corso Colombani simpatiza con los independentistas de su isla. Y que Le Monde oculta atentados, crímenes, minimiza sistemáticamente las oleadas de violencia que sacuden la isla. Y no califica nunca a los violentos corsos de terroristas. Si El País considera esto normal, ¿por qué no aplica la misma norma a lo que ocurre en Euskadi?Este tema ocupa extensos comentarios en la prensa y en la televisión. Los semanarios Le Canard Enchaîné, Telerama, Le Nouvel Observateur y L'Express, por supuesto, ya han dado su opinión, y exigen explicaciones sobre un asunto que lleva trazas de ensuciar a toda la profesión informativa. Ahora esperamos con curiosidad la posición del mensual Le Monde Diplomatique.La moraleja es que los que trabajamos en la prensa, tanto periodistas como empresarios, debemos de andarnos con ojo, pues un descubrimiento así le puede caer a uno el día menos pensado.