DESDE CÍRCULOS políticos, económicos y mediáticos norteamericamos se ha desencadenado una verdadera cruzada contra Francia. Esta vehemente campaña, cuyos contenidos oscilan entre las groseras descalificaciones y las inaceptables amenazas, es la civilizada respuesta de Washington al firme rechazo de París a la guerra en Irak. A esta marea de francofobia se han sumado, de manera entusiasta, numerosas entidades y medios de comunicación británicos y, de forma sutil, gobiernos como el español y algunos columnistas-quintacolumnistas-europeos.Estos últimos nos alertan sobre los motivos, poco o nada altruistas, que inspiran la posición francesa y, descubriendo el Mediterráneo, nos ilustran acerca de los importantes intereses que Francia mantiene en Irak! Claro que Francia tiene intereses en Irak! Todos los países desarrollados-incluida España-cuyas economías dependen del petróleo tenemos, directa o indirectamente, intereses en Oriente Próximo, donde se encuentra el 66% de las reservas mundiales conocidas de crudo.Pero estos sesudos columnistas coincidirán conmigo en que no es lo mismo acceder a esos necesarios recursos de forma civilizada, a través de acuerdos y conciertos comerciales con sus legítimos dueños, que resucitar, como pretende Estados Unidos, el derecho de conquista y saqueo, con el fin de controlar unilateralmente la producción, la circulación y los precios del petróleo y, de esta forma, condenarnos a todos a depender energeticamente de la hiperpotencia norteamericana.Pero sería injusto, además de inexacto, interpretar la postura francesa en clave exclusivamente económica. La opción de Francia debe encuadrarse dentro de un marco estratégico más amplio, en el que EE. UU. se opone enérgicamente a la posibilidad de una Unión Europea autónoma, a la construcción de una política de seguridad y defensa común de la Unión, a la existencia misma de una política exterior europea.Al contrario de lo que piensan José María Aznar y Tony Blair, cuya actitud se reduce a justificar la subordinación de Europa a Estados Unidos. y a impedir la aparición de un poder político europeo independiente de Washington, Francia es plenamente consciente de que el dominio mundial y la hegemonía de una sola potencia es incompatible con su futuro y con el de Europa.Francia considera acertadamente que, en el actual contexto internacional, la Unión Europea -que dispone del territorio, la población, la fuerza económica, tecnológica y cultural necesarias- debe convertirse en una potencia autónoma en la política mundial, para poder jugar un papel protagonista, frente al unilateralismo norteamericano, en la construcción de un orden mundial más justo y democrático.Creo sinceramente que ésta es también la aspiración de la mayoría del pueblo español, en abierta contradicción con la increíble postura de su gobierno. Espero que este divorcio dure poco tiempo, pues, como recuerda William Pfaff, los pueblos eligen a sus primeros ministros, pero éstos no pueden elegir a sus pueblos.Por eso, como europeista militante, no tengo hoy inconveniente en proclamar: !Vive la France!