Rebelión en la calle

OPINIÓN

11 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

¡CÓMO se está poniendo la calle! Los políticos del PP lo están pasando mal. Cada día tienen más dificultades para participar en actos públicos. La gente que protesta les ha perdido el respeto y les montan boicoteos allá por donde van. Hace días veíamos cómo Ana Botella tenía que hacer frente a un grupo de manifestantes. A su propio marido le intentaron reventar un mitin. Antes habíamos visto a Rajoy medio zarandeado en Lugo. A Josep Piqué y a Pilar del Castillo, boicoteados en Barcelona. Jaume Matas fue increpado en Aragón. Federico Trillo, en los estudios de TVE. Y ayer, le reventaron un discurso a Ruiz Gallardón en la Universidad de Madrid. Son todas noticias de las últimas cinco semanas: el tiempo en que terminó de consolidarse la imagen del Gobierno por el Prestige y se agravó el rechazo social a la posición española ante la crisis de Irak. A las manifestaciones y protestas del mundo artístico se unen estas formas de rebeldía que aparecen por todas las partes de la geografía nacional. El único detalle común es ése: asoma un dirigente del PP, y se produce la algarabía. El mero anuncio de su llegada parece que incita los instintos de rebelión de grupos de ciudadanos. Y, por lo que vemos, es contagioso. Basta que se haya producido el primer zarandeo, para que surjan estos espontáneos del alboroto.¿He escrito espontáneos ? Si lo son, es grave. Sería el síntoma de que se está creando un ambiente de crispación frente al poder que no encuentra otras formas de expresarse. No estoy seguro. Es posible que se junte la espontaneidad con la acción de formaciones políticas o sindicales interesadas en agitar la sociedad. Es posible también que estén apareciendo grupos sociales que no se consideran reflejados en los esquemas actuales de representación política. Es probable que el clima electoral caldee el ambiente. Y posiblemente ocurra algo de todo eso al mismo tiempo. Sea como sea, se está quedando corto el diagnóstico que asegura que el PP pasa uno de los peores momentos de su historia . Hay algo peor: no poder salir a la calle.