Misiles con alma

| MANUEL-LUIS CASALDERREY |

OPINIÓN

10 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

ME HUBIESE gustado titularlo Misiles almados , pero la última palabra no existe en el Diccionario de la RAE. Es todo un síntoma. Nuestro hablar ha generado desalmado y no hemos necesitado almado. Aquel día se lanzó una oleada de misiles de última generación. Su inteligencia se asentaba en su cerebro de silicio. Se les había programado para que, a gran velocidad, se dirigiesen hacia al objetivo fijado en sus circuitos. Nadie contaba con que hubiesen evolucionado y fuesen capaces de entender, querer y sentir. Desde el mismo momento del inicio de su trayectoria, empezaron a angustiarse. Sin que hubiese un entendimiento previo, cada uno por su cuenta, decidieron cambiar de rumbo. Uno tras otro, se dirigieron hacia arriba, buscando escaparse de la garra gravitatoria. Subían dejando atrás el planeta azul. Su angustia dejó paso a la ilusión de un largo viaje por los confines del Universo. En los centros de seguimiento había gran desconcierto y desesperación. Nadie entendía nada.